El eco de los pasos en los pasillos de la Unidad Regional de Servicios Estatales (UNIRSE) ha cobrado un peso distinto este inicio de febrero. En la segunda planta de este edificio en Fluvial Vallarta, la reciente apertura de la oficina regional de la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Jalisco no es solo una adición administrativa, sino un intento de humanizar la estadística en una región que hasta ahora dependía de la lejanía de Guadalajara.
La oficina, ubicada sobre la avenida Grandes Lagos en el domicilio del complejo burocrático estatal, busca ser el primer frente de respuesta para las familias que, tras la ausencia de un ser querido, antes debían enfrentar un peregrinaje de cientos de kilómetros para formalizar su esperanza de tan solo pedir justicia.
La realidad que esta oficina tiene enfrente se mide en cifras que estremecen: Puerto Vallarta acumula hoy un registro de 507 personas desaparecidas que siguen sin ser localizadas, según reveló en rueda de prensa el Comisionado de Búsqueda de Personas Desaparecidas, Victor Hugo Ávila Barreintos. Este número no es un dato aislado, sino el reflejo de una problemática que afecta de manera desproporcionada a los hombres, quienes representan la inmensa mayoría de las víctimas en edades productivas, aunque la vulnerabilidad de las mujeres jóvenes en este entorno turístico sigue manteniendo en alerta a los colectivos locales.
Al abrir el mapa hacia la región Costa-Sierra Occidental, el número de expedientes vigentes asciende a 559 (Tomatlán, Cabo Corrientes, San Sebastián del Oeste), evidenciando que el puerto es, lamentablemente, el epicentro de este fenómeno en el litoral jalisciense.
La historia de las búsquedas en el puerto tiene, sin embargo, capítulos de retorno: a lo largo de los años, se ha logrado la localización de 607 personas, de las cuales 380 son hombres y 227 son mujeres. Si bien la mayoría de estos hallazgos han sido con vida, la sombra de la tragedia permanece en los 33 casos donde la búsqueda terminó en un desenlace fatal.
Es por ello que la nueva sede en la UNIRSE no solo funciona como un receptor de denuncias, sino también como un punto de encuentro para brigadas forenses que, durante estas semanas, recolectan muestras de ADN de familiares de personas no localizadas, buscando que la ciencia genética logre dar nombre a quienes han sido encontrados pero permanecen en el anonimato de una plancha forense.
A nivel estatal, el panorama de 2026 intenta dar señales de alivio con una tendencia estadística a la baja, pues enero cerró con 138 nuevas desapariciones, la cifra más baja para un primer mes de año en el último sexenio. No obstante, este dato oficial se siente distante frente al acumulado de más de 16,000 personas desaparecidas que mantiene a Jalisco bajo el escrutinio nacional.
Con una tasa de localización de apenas el 49.2% para los casos más recientes, la efectividad institucional está bajo prueba constante, y la oficina de Vallarta nace con el mandato de elevar ese porcentaje mediante la proximidad y la eliminación de la burocracia centralizada.
El valor operativo de esta nueva delegación radica en la capacidad de activar protocolos de búsqueda primaria en las primeras horas, ese tiempo de oro donde la diferencia entre el regreso y la ausencia permanente suele decidirse. Al estar inserta en el tejido social del puerto, la oficina permite una coordinación más orgánica con los grupos de búsqueda municipales y las fuerzas de seguridad, aprovechando el conocimiento del terreno y las dinámicas locales.
Para los padres, esposas e hijos que acuden a Fluvial Vallarta, el espacio ofrece algo que Guadalajara no podía: la posibilidad de mirar a los ojos a quienes coordinan su caso sin que un viaje de cinco horas medie en la conversación, ni la sensación ajena de los burócratas que están lejos de la ciudad donde viven sus hijos.
El 2026 se perfila como un año de observación ciudadana para esta oficina regional. El reto no solo es gestionar los 559 expedientes de la región, sino transformar el edificio de la UNIRSE en un verdadero santuario de verdad y justicia donde la transparencia no sea una promesa, sino un ejercicio diario.
Mientras las brigadas forenses continúan procesando muestras y los comisionados integran nuevas carpetas, la comunidad de Puerto Vallarta espera que esta cercanía física se traduzca, finalmente, en una reducción real de la incertidumbre y en el regreso a casa de quienes faltan en el hogar, ya sea con vida o desafortunadamente sin ella, pero para paz y tranquilidad de sus seres queridos al saber sobre su destino final.
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