El incendio forestal que arde en el paraje Arroyo Seco-Llano Grande, en Cabo Corrientes, alcanzó 75 por ciento de control este miércoles, pero lejos de representar un cierre tranquilo, el dato confirma que la región ya entró en una etapa de alta presión por fuego cuando todavía falta el tramo más severo de la temporada seca. De acuerdo con el reporte difundido por Protección Civil Jalisco, el siniestro sigue activo en fase de contención, con trabajos concentrados en los flancos norte y este, más de 115 combatientes en campo, apoyo del helicóptero Witari y 11.7 kilómetros de líneas de control abiertas para intentar encerrar el perímetro.
La escena no está aislada. En los últimos días, Cabo Corrientes ha concentrado varios frentes de incendio en la zona de Llano Grande, con reportes de afectación de cientos de hectáreas y una nube de humo que incluso alcanzó a Puerto Vallarta. Apenas el 13 de abril se informaba de tres incendios activos en esa zona, uno de ellos de gran magnitud, mientras que un día después se reportó que el humo y las partículas en suspensión ya eran visibles en distintos puntos del puerto.
A ese panorama se suman los incendios registrados semanas atrás entre Cabo Corrientes y Tomatlán. El 18 de marzo autoridades reportaban que tres de cuatro incendios en esos municipios ya estaban controlados, luego de un complejo que, según reportes publicados entonces, había dañado más de 3 mil hectáreas. En otro recuento regional se informó además que uno de los incendios en Tomatlán llevaba una afectación preliminar de 151 hectáreas y fue catalogado como intencional.
Del otro lado de la bahía, La Cruz de Huanacaxtle también ha vivido jornadas intensas. El incendio en su zona serrana seguía bajo combate a mediados de marzo, y este 15 de abril todavía se informaba que, aunque estaba controlado, persistían puntos de calor bajo vigilancia. Otro reporte del mismo día advirtió incluso sobre un rebrote en tres frentes tras un siniestro que habría arrasado unas 600 hectáreas, una señal de que el riesgo no desaparece cuando baja la visibilidad de las llamas.
Lo más delicado es el calendario. Desde el 6 de enero ya se advertían condiciones propicias para incendios forestales en la región de Puerto Vallarta por la disminución de humedad y el aumento de temperaturas, y ese mismo arranque de año ya dejó reportes de fuego en la zona del río Pitillal. Es decir, la actividad comenzó temprano, antes de que llegaran los meses más duros del estiaje. A escala nacional, la Conafor reportó 2 mil 332 incendios forestales acumulados del 1 de enero al 2 de abril de 2026, mientras en Jalisco se contabilizaban 269 siniestros hasta el 10 de abril, colocándolo entre las entidades más golpeadas del país.
Con ese contexto, el 75 por ciento de control en Cabo Corrientes no debe leerse como alivio definitivo, sino como una pausa precaria en una temporada que apenas se está calentando. Todavía vienen las semanas de mayor temperatura, más resequedad, más viento y, con ello, un escenario potencialmente más agresivo para la propagación del fuego. Por ahora, las brigadas contienen, aíslan y enfrían. Pero el mensaje que dejan abril, marzo e incluso enero es otro: la actividad de incendios en la costa ya se adelantó y el periodo crítico todavía no termina.
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