Hoy los pobladores, ya amenazados por el Gobierno Municipal y el Gobierno de Nayarit con carpetas de investigación y el uso de la fuerza pública, realizaron una protesta pacífica con un picnic y remado en paddle sobre la playa Cocinas, haciendo un agradable convivio.
Realizaron un reconocimiento de lo que quedó de la playa, para tristemente, darse cuenta que poco han dejado de lo que fue durante generaciones (hablamos de miles de años) un oasis para que las familias nativas de Punta de Mita (Corral del Risco) fuesen a pasar las tardes con sus hijos, pescar para sobrevivir, y disfrutar de la naturaleza.
La ambición de los gobernantes, hablamos del alcalde Héctor Santana y el gobernador Miguel Angel Navarro Quintero, llegó muy lejos, dando todas las facilidades para que Grupo DINE erosionara y destruyera la playa, con un muro de rocas gigantes que prácticamente llega hasta donde rompen las olas en algunos puntos.
Cinco miserables metros es lo que el Gobierno Municipal de Hector Santana ofreció a la gente, quienes desde antes de que el propio alcalde y sus padres nacieran, ya disfrutaban como locales sin ninguna restricción este lugar. Recordemos que Héctor Santana no puede decir que «no le compete» y safarse, pues él fue a la ceremonia para colocar la primera piedra del desarrollo, las fotos están ahí y su propio equipo de Comunicación Social las envió.
Pero lo de los cinco metros fue una ofensa. Hoy, los pobladores se reunieron en la playa para darle un mensaje contundente tanto a Héctor Santana como a Miguel Angel Navarro Quintero: que aunque tienen miedo y aunque las autoridades concreten la destrucción de lo que queda de la playa, van a seguir alzando la voz, para que por lo menos, ambos personajes mencionados queden grabados en la memoria del basurero de la historia como quienes vendieron la playa, recibiendo el repudio de la gente dentro de dos, tres y más generaciones que ya no puedan disfrutar este lugar.
Tristes, los manifestantes constataron que el daño está hecho, hay puros pedazos de rocas, excavaciones y apenas unos pocos metros de mar que en marea alta se van a inundar.
Pero quedará claro: la gente no se rindió, el gobierno agredió y amenazó. Ojalá que se pueda aunque sea conservar el pedacito de playa que dejaron ya dañado. No habrá más tortugas, más ostiones ni más paraiso. Pero con la voz en alto, seguirá resonando: las playas son de todos, aunque al alcalde y al gobernador no les guste..
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