La ciudad de Puerto Vallarta enfrenta una paradoja hídrica: mientras sus habitantes sufren escasez de agua potable por temporadas, sus valiosas reservas subterráneas, o mantos freáticos, se drenan y desperdician sin control.
Este problema, lejos de ser un fenómeno natural, es resultado directo de la falta de regulación y supervisión en la construcción de edificios de condominios, los cuales perforan el subsuelo, desahogando el vital líquido a la calle.
El problema no es nuevo. Casos de documentan con detalles durante los últimos 12 años, coincidentemente con el mismo auge que el boom inmobiliario vertical en la ciudad, sin embargo el desinterés de las autoridades para ejercer rigurosos controles e inspecciones en las obras es notorio.
En zonas como las colonias Versalles, 5 de Diciembre y la Zona Romántica, la proliferación de edificios verticales ha exacerbado la situación, provocando el desperdicio de agua y, en ocasiones, inundaciones en las calles aledañas.
La inacción de los condominios para gestionar este problema ha sido una constante, evidenciando la falta de compromiso con el medio ambiente y la comunidad. La competencia y labor de las autoridades en este tema está bien definida, pero su ejecución es cuestionable. La Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) es la autoridad máxima en la materia a nivel federal, encargada de regular la explotación, uso y aprovechamiento de las aguas nacionales, incluyendo las subterráneas.
Por su parte, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) tiene como objetivo la inspección y vigilancia para garantizar el cumplimiento de la normatividad ambiental, incluyendo la relacionada con los recursos hídricos. Ambas dependencias tienen facultades para inspeccionar y sancionar a aquellos desarrollos que no cuenten con las autorizaciones adecuadas o que causen un impacto ambiental negativo. Pero no han hecho absolutamente nada en Puerto Vallarta sobre este tema.
A pesar de los acuerdos de colaboración firmados, la realidad en Puerto Vallarta sugiere una falta de coordinación y de presencia de estas instancias.
Dos casos recientes han encendido las alarmas y son representativos de la problemática. En la calle Berlín de la colonia Versalles, la construcción de un edificio ha sido denunciada por desperdiciar agua de un manto freático, con mangueras que la vierten directamente a la calle.
Un caso similar se vive en la calle Guatemala de la colonia Emiliano Zapata, donde un edificio terminado hace más de un año sigue lidiando con el constante desalojo de agua subterránea. Si bien se ha buscado el diálogo con autoridades como SEAPAL, la falta de una intervención contundente por parte de CONAGUA y PROFEPA ha permitido que el desperdicio continúe, dejando a la población en una situación de vulnerabilidad hídrica.
La indiferencia de las autoridades federales ante estas irregularidades ha sido un factor clave para que el problema persista. La inacción de las instituciones de ecología para determinar las afectaciones ambientales y las medidas a implementar es lamentable.
Está preocupante situación exige una respuesta contundente y coordinada entre los tres órdenes de gobierno, pues el futuro del suministro de agua en Puerto Vallarta no puede depender de la buena voluntad de las constructoras, ni del reclamo aislado de los vecinos.
La construcción de edificios sobre mantos freáticos está impactando el ciclo hidrológico en Vallarta. Claramente se están priorizando ventas hipotéticas en millones de dólares por departamentos de lujo, sobre el futuro y salud de la sociedad local ante un suministro de agua que pende de un hilo.