Mientras Puerto Vallarta se ilumina aún esta noche, no por los fuegos artificiales de algún festival turístico, sino por el resplandor de incendios y saqueos, la ciudadanía busca a una figura de autoridad. Pero el resultado de la búsqueda es un estruendoso silencio administrativo que demuestra indiferencia total desde el Ayuntamiento.
El alcalde Luis Ernesto Muñoz González, al parecer, decidió que el «estado de emergencia general» no era razón suficiente para interrumpir su sagrado derecho a la desconexión dominical. Y jamás apareció, como ya es su costumbre, en medio de una crisis, prefiriendo la comodidad de la absoluta privacidad de su penthouse. Aunque mucho se se ha especulado también (con razones de sobra) de que realmente, ni siquiera se encuentra en la ciudad.
El único signo de vida que dio, lo hizo la muchacha que administra su página de Facebook, Mariana, quien a nombre del Presidente se limitó a compartir las publicaciones de la página del Gobierno Municipal.
En una ciudad colapsada, donde el miedo corría más rápido que ‘las rápidas’ de los ‘mal@ndr0s’, la estrategia de la oficina de Comunicación Social fue la de la tortuga, esconder la cabeza y esperar a que pasara la tormenta.
Fue solo tras ocho horas de caos que emitieron una respuesta tibia a las solicitudes de los medios de comunicación. Sin claridad de datos, sin dar certidumbre ni tranquilidad a los ciudadanos. Nada.
Del alcalde, ni rastro. Ni un video por redes sociales, ni una aparición en los puntos críticos, ni un mensaje de texto para fingir cercanía. Se sabe que Munguía González es un entusiasta de la navegación y las motos acuáticas, que renta paseos en yates o se va de fiesta los fines de semana, mismos en los que se pierde y se desentiende de su cargo.
No contesta llamadas, se va de viaje, y es en general un hombre que disfruta del significado de «dias de asueto», y no pierde tiempo en sus itinerarios de ocio a partir de cada viernes, y a veces incluso, desde cada jueves.
Lástima que su sentido de urgencia se límite a la agenda personal y no se transmite a la seguridad de sus gobernados. Lo más asombroso de la jornada, otra vez, no fue solo la ausencia del primer edil, sino la evaporación colectiva de su gabinete.
El Ayuntamiento presume de una nómina robusta con más de 25 gerentes y asesores de Presidencia, pero ante la crisis, ninguno fue capaz de dar la cara, ofrecer un balance o, al menos, un mensaje de calma.
Si bien la seguridad de alto impacto supera la competencia municipal, el control del pánico y la gestión del orden público son parte del trabajo de la autoridad local. Parece que el Ayuntamiento, renunció a este deber.
El mando policial, hizo buen trabajo siguiendo el ejemplo de su jefe, porque jugó al escondite mientras los negocios locales eran vandalizados bajo el amparo de la noche. Es comprensible que el alcalde disfrute de sus escapadas de fin de semana para «desconectarse» de la administración, pero esta ocasión la administración no solo se veía desconectada, estaba en coma profundo.
El presidente municipal Luis Ernesto Munguía González, nuevamente demuestra que es un ser humano egoísta cuya agenda personal está por sobre las necesidades de la ciudad, y que no le importa manejar la realidad con la investidura que tiene.
Es incapaz de tomar el timón de una ciudad en tierra firme cuando el oleaje social se pica. Mientras las cenizas aún flotan en el aire de Vallarta, queda claro que para Munguía González, la «gestión pública» es un accesorio que se quita antes de subir al yate. Sigue sin aparecer por ningún lado.
Hoy, Puerto Vallarta despertará con resaca de pólvora y cristales rotos, preguntándose si el próximo fin de semana, en caso de otra tragedia, habrá alguien en el Palacio Municipal o si todos estarán muy ocupados buscando la mejor puesta de sol en el océano desde una alberca.
Triste situación.
#primerovallarta TE INFORMA