En una jugada que bien podría inspirar al emblema de la magia David Copperfield, el Ayuntamiento de Puerto Vallarta ha aprobado una modificación al Presupuesto de Egresos para el ejercicio fiscal 2026 por casi 80 millones de pesos –exactamente 79,828,557 pesos, para ser precisos–, con el noble objetivo de «optimizar» las operaciones municipales y redistribuir el gasto en capítulos como materiales y suministros (2000), servicios generales (3000), transferencias y asignaciones (4000), y presupuestos varios (5000). Porque, claro, nada dice «eficiencia gubernamental» como reajustar el dinero a principios de año, justo cuando uno pensaría que el presupuesto recién aprobado debería bastar.
Para contextualizar el drama presupuestal, recordemos que el Cabildo aprobó en diciembre de 2025 un Presupuesto de Egresos histórico para 2026 por un monto total de 3,101,869,049 pesos, una cifra récord que superó todos los años desde que se tiene registro, y que se presentó con bombos y platillos como el gran plan para impulsar obra pública, servicios y desarrollo.
Sin embargo, a poco más de un mes de iniciado el año, ya van tres modificaciones sustanciales al mismo presupuesto –esta es la tercera–, todas ellas reacomodando decenas de millones sin alterar el total global, pero generando la incógnita de por qué el dinero original no alcanza para lo planeado.
La iniciativa, presentada por el alcalde Luis Ernesto Munguía González y leída en sesión ordinaria por el secretario general José Juan Velásquez, fue respaldada ampliamente por los 14 munícipes presentes, incluyendo al regidor del Partido Verde, Víctor Manuel Bernal Vargas, quien explicó con entusiasmo y maestría en divagar, que se trata de «dejar de gastar en unas partidas para gastar en otras». Entre los beneficiados: la operatividad del rastro municipal, el alquiler de maquinaria para desazolves en temporada de lluvias, la modernización del sistema de catastro y el SICAGEM, además de licitaciones que, según Bernal Vargas, ahora contarán con «suficiencia presupuestal». Todo esto, por supuesto, para reforzar programas de obra pública y servicios, como si el dinero original se hubiera evaporado en el aire tropical de la bahía.
Pero aquí viene el toque irónico que tanto adora la política mexicana: ¿por qué esta «reestructuración operativa» tan temprana en el año? El Ayuntamiento se mostró sin recursos apenas iniciado 2026, con una campaña desesperada de predial ofreciendo un 15% de descuento para recaudar lo que sea, mientras acumula deudas que harían perder los estribos a cualquier administrador hogareño.
Resulta que debían siete meses de pagos a la empresa recolectora de basura –esa que se contrató bajo dudosas gestiones–, seis meses al seguro escolar que protege a los niños en las aulas, como 5 meses de los seguros en vehículos oficiales, y quién sabe cuántos meses más a una larga lista de proveedores que, presumiblemente, siguen esperando su cheque con la paciencia de un santo, y han alzado la voz denunciando al Municipio por simplemente no pagar.
¿A dónde fue a parar el dinero del presupuesto anterior? Esa es la pregunta del millón –o de los 80 millones, en este caso– que nadie en el cabildo parece ansioso por responder. Y lo más curioso: si se supone que este año se invertirán cientos de millones en obra pública municipal –incluso se habla de más de 600 millones proyectados en pavimentaciones y ampliaciones–, lo único visible en las calles hasta ahora son parches de bacheo rutinario y reparación mediocre de algunas alcantarillas.
Las grandes obras que realmente transforman a paso lento la ciudad –como el nodo vial – o los programas sociales, los está ejecutando el Gobierno del Estado de Jalisco, no el Ayuntamiento. Entonces, ¿en qué se está gastando realmente ese presupuesto récord de más de 3 mil millones? La rendición de cuentas, al parecer, sigue siendo un lujo que Puerto Vallarta no se puede permitir… o que prefiere posponer para la próxima modificación.
Esta falta de transparencia no es solo un descuido administrativo; es un patrón que deja a los vallartenses preguntándose si el «balance presupuestal anual» que tanto se menciona es más un acto de fe que de contabilidad. Mientras se continúa jineteando el dinero público todo el tiempo sin mayor detalle, los ciudadanos quedan con la impresión de que el erario es como el clima en Puerto Vallarta: impredecible y propenso a tormentas inesperadas. Quizás en la próxima sesión nos expliquen el truco, o al menos, nos inviten al espectáculo, para ver cómo desaparece el presupuesto.
Porque los beneficios y obras, ¡No se ven!
#PrimeroVallarta TE INFORMA con la mera VERdad.