Se adelantó la audiencia del caso Clarisa
En el manual de estilo del Ayuntamiento de Puerto Vallarta, parece que la gestión de crisis no se mide en responder dando la cara ni en acudir presencialmente a reparar el problema, sino en la velocidad con la que sus «fantasmas digitales» intentan desviar la atención de una tragedia.
Ahora, tras el último bloqueo por la exigencia de justicia en el caso de Clarisa Rodríguez el pasado fin de semana, la respuesta oficial ha pasado de la negligencia inicial y el tardío y tibio pronunciamiento, a una sofisticada —aunque predecible— estrategia de guerra sucia anónima.
Mientras la doliente familia deudora de la fall3c1da madre sigue rezando el novenario y esperando la audiencia del presunto culpable, en el mundo paralelo de las redes sociales ha brotado una legión de perfiles y páginas con un guion idéntico: acusar a la familia y a los ciudadanos que hicieron el bloqueo de «politizar» el dolor y, lo más bajo, de lucrar con la tragedia, con videos, posteos y comentarios, claramente emanados desde el desinflado e inoperante cuarto de guerra de Javier García, el que le carga el café al presidente y disque Gerente de Comunicación Social, y Bachalari, un aviador que le lleva el café a Javier.
Pero con entereza y tono firme, defendiendo la convicción de una sociedad solidaria, Diego Guadiana Palomera, esposo de Clarisa, tuvo que interrumpir su duelo para desmentir lo que debería ser obvio en una sociedad sana.
Desde su Facebook, aclaró que la lucha es estrictamente por justicia, no por intereses de partido, y desmintió categóricamente que la familia esté, ni solicitando dinero, ni politizando la protesta.
Además agradeció el apoyo real de la empresa donde laboraba su esposa, Pablova, la cual ha estado presente desde el primer día. Pero, en escencia, reivindicó que la protesta y los bloqueos fueron un apoyo de la sociedad de Puerto Vallarta para exigir justicia y no hubo ningún interés partidista detrás de este movimiento.
«Está más que claro que alguien quiere desviar la atención de todo esto que se ha logrado (…) está más que claro que alguien quiere dividir al pueblo y callarnos nuevamente», sentenció Diego, en clara referencia a la guerra sucia del Ayuntamiento.
Y es que, tiene toda la razon, pues la parálisis de la avenida Francisco Medina Ascencio no fue un capricho de los manifestantes, sino el síntoma de un Ayuntamiento que solo parecen reaccionar bajo presión. Resulta curioso que, tras 36 horas de bloqueo, se lograra una pedorra rueda de prensa encabezada por el alcalde a anunciado la separación temporal de los agentes de tránsito involucrados por posibles omisiones y una beca para el hijo de Clarisa.
Al parecer, en Vallarta, el derecho a la justicia requiere primero el derecho a detener el tráfico.
Ahora, con la audiencia programada para este martes a las 3:00 de la tarde en los juzgados, la estrategia oficial parece centrarse en «enfriar» el ánimo social.
Es admirable la eficiencia del Ayuntamiento para desplegar becas de «gesto solidario» justo cuando la presión mediática es insoportable, pero es lamentable que esa misma eficiencia no se aplique para garantizar que un conductor presuntamente ebrio no camine libre por las mismas calles que hoy lloran a Clarisa.
La verdadera «guerra» no es política; es la de una familia contra una estructura que prefiere gastar en bots que en garantizar la seguridad vial de sus ciudadanos. Diego Guadiana ha llamado a la sociedad vallartense a nuevamente estar presente en los juzgados el próximo martes que se lleve a cabo la audiencia, la cual sí, fue adelantada, y mañana mismo, sabremos que será del culpable de chocar a Clarisa.