Este jueves, el horizonte de la Bahía de Banderas amaneció con una silueta distinta a la de los habituales cruceros turísticos. Imponente y pintado en gris naval, el USCGC Munro (WMSL-755) atracó en los muelles de la ASIPONA, trayendo consigo no solo a una tripulación en busca de reabastecimiento, sino el historial de uno de los buques más efectivos contra el narcotráfico en el hemisferio.
Aunque su visita de hoy es técnica —principalmente para cargar combustible y víveres frescos—, el Munro es un veterano de los extremos. Este mismo casco que hoy descansa bajo el sol del trópico, patrullaba hace apenas unos meses las gélidas aguas del Mar de Bering, vigilando la frontera marítima con Rusia.
Su versatilidad es tal, que apenas en noviembre pasado protagonizó un golpe histórico al descargar en San Diego 13 toneladas de cocaína, un «botín de guerra» arrebatado a los cárteles valorado en 335 millones de dólares.
Más que un barco, el Munro es una fortaleza flotante diseñada para la interdicción. Equipado con un cañón principal de 57 mm y el sistema automatizado antimisiles Phalanx, el buque tiene la capacidad única de desplegar helicópteros y lanchas de persecución rápida desde su popa sin detener su marcha, cerrando el paso a cualquier amenaza en alta mar.
Por unas horas, sus más de 100 tripulantes cambiarán la tensión de la vigilancia estratégica por la calma del puerto jalisciense, inyectando actividad a la economía local antes de que este gigante levante anclas para continuar su misión silenciosa en las profundidades del Pacífico