El reloj marcaba la tarde cuando la rutina de Ixtapa se partió en dos. Lo que comenzó como un día de compras habitual, terminó con una nube de humo que se alzó sobre el crucero de Banus, visible por kilómetros, y que marcaba el final de un punto de referencia para la comunidad: la Bodega Aurrerá.
Testimonios y la evidencia visual sugieren que la tragedia se desató con una ignición súbita al interior de los pasillos, que se propagó con ferocidad. En cuestión de segundos, el fuego escaló hasta el techo de la estructura, transformando el centro comercial en una trampa. Decenas de clientes y empleados corrieron para salvarse, dejando atrás los carritos a medio llenar y la mercancía. Afortunadamente, no se reportaron heridos.
La magnitud del siniestro exigió una respuesta masiva y coordinada. La columna de humo, que se elevó a más de un kilómetro de altura, era una señal de alarma que trascendió fronteras municipales.
Elementos de Protección Civil y Bomberos de Puerto Vallarta, Jalisco, Nayarit, y Bahía de Banderas se unieron en un esfuerzo interinstitucional para contener el infierno.
Mientras los bomberos trabajaban a brazo partido, evacuando a 40 personas de la cuadra aledaña y aliviando la ansiedad de los trabajadores de una gasolinera cercana, el reto del abastecimiento de agua se hizo crucial. Aquí entró en acción SEAPAL Vallarta.
El organismo de agua reorientó de inmediato su operativo de suministro, poniendo a disposición cuatro unidades cisterna de 10 mil litros cada una. Esta coordinación estratégica fue fundamental, permitiendo a los equipos de emergencia contar con la disponibilidad de agua necesaria para fortalecer sus maniobras y finalmente sofocar el incendio, iniciando las labores de enfriamiento.
Aunque la rápida actuación de los cuerpos de emergencia evitó una catástrofe mayor en vidas humanas, el saldo material y social es devastador. El fuego acabó por completo con la bodega, dejando atrás una estructura calcinada y un vacío en el tejido comunitario.
La Bodega Aurrerá no solo era el primer negocio establecido en ese crucero, sino un vital centro de empleo y abastecimiento para los vecinos. Desde las cajeras y empacadores, hasta el personal de seguridad y los trabajadores informales que dependían de su flujo, todos han perdido su fuente de ingresos de un día para otro.
El incidente es un duro recordatorio sobre la necesidad de extremar precauciones en las tiendas de autoservicio y también guardar los protocolos de emergencia y prevención que Protección Civil indica a todos los negocios.