Tras más de una década de expectativas y múltiples postergaciones, el proyecto del Puente Amado Nervo, también conocido como Puente Federación, que conectará los municipios de Bahía de Banderas, Nayarit, con Puerto Vallarta, Jalisco, finalmente tiene asignado un contrato de licitación para construirse.
Esta infraestructura vital, largamente anhelada por los habitantes y visitantes de la región, busca desahogar el tráfico y potenciar el desarrollo económico y turístico de la zona metropolitana de la Bahía de Banderas.
En días pasados, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) ha adjudicado la obra al consorcio integrado por RECSA, Jaguar Ingenieros Constructores y JYR Ingenieros Constructores. Con una inversión federal aproximada de 530.39 millones de pesos, se prevé que el contrato se firme el 4 de julio de 2025 y las obras inicien a partir de la vigencia del contrato, con fecha al 7 de julio de 2025, teniendo un plazo de ejecución de 547 días naturales. Este cronograma detalla una duración de la obra de casi dos años, proyectando su culminación para 2027.
La tardanza de más de 10 años en el arranque de un proyecto de esta magnitud plantea serias interrogantes sobre la eficiencia en la gestión pública y la priorización de obras estratégicas. Más allá de los «aspectos administrativos» mencionados por algunas autoridades como causa de los recientes retrasos en el inicio de la construcción, la prolongada inacción ha significado años de oportunidades perdidas para el desarrollo regional, afectando la movilidad, la seguridad vial y la calidad de vida de miles de personas que transitan entre Nayarit y Jalisco.
La falta de un proyecto ejecutivo consolidado y la necesidad de reasignar presupuestos son síntomas de una planificación deficiente que ha pasado factura. No obstante, la concreción de este puente es fundamental. Conectará la localidad de San Vicente, en Bahía de Banderas, con la delegación de Ixtapa, en Puerto Vallarta, mejorando drásticamente la conectividad terrestre. Se espera que alivie la congestión en la Carretera Federal 200, reduzca los tiempos de traslado y promueva un desarrollo económico y turístico más fluido en la región, considerada uno de los polos de crecimiento más dinámicos de México. La obra, de 0.8 kilómetros, forma parte del Programa Nacional de Infraestructura Carretera 2025-2030.
El proyecto ha enfrentado no solo retrasos administrativos, sino también el desvío o la pérdida de recursos previamente asignados. En su momento, existía un «proyecto ejecutivo» con registro en la Secretaría de Hacienda y fondos destinados al estado de Nayarit que, según el Gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, «se perdieron». Esta situación forzó en ciertos momentos la idea de «comenzar de cero» el proyecto, añadiendo años a una espera ya prolongada.
La historia de este puente es un reflejo de la burocracia y la falta de continuidad en la planificación de infraestructura a largo plazo. Durante al menos tres sexenios presidenciales, la promesa de su edificación ha figurado en las agendas políticas, generando una frustración creciente entre la población que diariamente padece los congestionamientos viales en el único acceso principal entre ambas entidades. El anuncio de su construcción se convirtió en un eco que resonaba en cada campaña electoral, sin materializarse en acciones concretas sobre el terreno.