La costa de Puerto Vallarta atraviesa una crisis de seguridad debido a la persistente negligencia de bañistas que deciden ignorar las advertencias oficiales de las autoridades. Esta actitud temeraria ha generado una alarma social, ya que el llamado a no acceder al mar no es una sugerencia, sino una medida preventiva vital para evitar tragedias en las playas locales ante la aún vigente marea de corrientes y oleajes peligrosos.
La crítica situación pone de manifiesto una falta de conciencia cívica que obliga a los cuerpos de rescate a intervenir en escenarios de alto riesgo que podrían haberse evitado con el simple respeto a la señalización vigente.
Tan solo el pasado domingo 8 de febrero se convirtió en una jornada especialmente crítica para la Unidad de Protección Civil de Puerto Vallarta, al registrarse una cifra alarmante de incidentes en diversas zonas costeras. Según los informes, se llevaron a cabo al menos diez rescates de personas que estuvieron a un paso de morir ahogadas, lo que refleja un patrón de comportamiento irresponsable generalizado entre los visitantes del fin de semana.
Esta saturación de los servicios de emergencia subraya la gravedad de la situación y la urgencia de atender las indicaciones de seguridad para no comprometer la vida propia ni la de los rescatistas.
Uno de los episodios más representativos ocurrió en Playa Camarones, donde una pareja originaria de Guadalajara fue arrastrada por la corriente tras decidir entrar al agua a pesar de la restricción explícita. Los elementos del área de Guardavidas tuvieron que actuar de manera inmediata proporcionando equipos de flotabilidad para lograr un arribo seguro a una zona protegida.
Afortunadamente, ambas personas se encuentran fuera de peligro, pero este rescate acuático sirve como un recordatorio severo de las consecuencias de desafiar la fuerza del mar en condiciones adversas.
Resulta imperativo recordar a la población el significado crítico de la bandera roja, la cual prohíbe terminantemente el ingreso al mar debido a que el oleaje y las corrientes representan un riesgo extremo. A diferencia de la bandera amarilla que pide precaución o la verde que indica calma, la roja es una señal de peligro de muerte inminente que no debe ser interpretada como una opción.
Ignorar esta advertencia es una decisión que, como se vio el domingo, termina frecuentemente en operativos de rescate de emergencia que pudieron prevenirse respetando las normas básicas de seguridad costera.
Desafortunadamente a veces la irresponsabilidad prevalece sobre el sentido común, por lo que no basta con la vigilancia permanente si el ciudadano no asume su parte de responsabilidad. La insistencia de Protección Civil en respetar las banderas rojas es una medida clave para evitar que las vacaciones o días de familia se conviertan en tragedias o pérdidas de vidas humanas.
Es necesario que tanto residentes como turistas entiendan que su seguridad depende en gran medida del acatamiento de las reglas, pues la valentía mal entendida frente a la naturaleza suele tener un costo demasiado alto que la sociedad no debería seguir pagando.
Además, los propios guardavidas arriesgan sus vidas e integridades al ingresar al mar, dónde aunque son expertos nadadores, no están exentos de ser arrojados contra las rocas, piedra o ser hundidos por las peligrosas corrientes.