Dicen que «el buen juez, por su casa empieza». Sin embargo, bastaría voltear a ver a la oficina del alcalde Luis Ernesto Munguía González para notar que ni siquiera ahi, en su oficina sede del poder y el cargo que representa, tiene el menor interés por el progreso.
Eso a raíz de que, tras lo que va de su administración (más o menos año y medio), las remodelaciones en su oficina no solo no han concluído (a pesar de haber iniciado en el mismo mes de octubre que tomó el poder). Sino que están detenidas por periodos largos, retrasadas, sin aparente avance.
Y es que la zona que solía ser el despacho de la Presidencia Municipal en el edificio del Centro, está tapeada al público desde el pasillo del segundo piso, imposible es ver hacia adentro.
De acuerdo a información publicada a raíz de su extracción legal en Transparencia el día de hoy, estas obras han costado 7 millones de pesos del erario, no obstante, entender que objetivo persiguen y con que justificación se hace el gasto, es un completo misterio.
Los vallartenses, hemos pecado de ingenuos. Hubiéramos volteado a ver las propias oficinas del mismísimo presidente municipal, para ver lo que se venía. Si ese es el nulo interés que Munguía le pone a su propio despacho, era una señal clara situaciones como la de la inacabada ampliación del Malecón o la pasividad de todo su gobierno. El ícono y metáfora perfectos.
Luis es obscuridad en la calle y opaco en su casa. No hay una oficina donde buscarlo, perfecta analogía de cómo se ha vuelto un presidente ausente, sin interés de resolver y encabezando un gobierno que trabaja en automático pero mal.
Y no es el tema la oficina, que antes sí, al menos era un espacio al que cualquier ciudadano podía llegar a pedir una cita con el alcalde y ser atendido, aunque fuera dentro de muchos meses.
La cuestión es el gasto, innecesario pues ese despacho tenía todo en orden. El tema es que nadie puede encontrar a Luis Munguía para resolver. El meollo del asunto es que hoy ese espacio es una postal de su fallida administración.
Por cierto: la remodelación de dicha oficina es completamente ilegal. Ya que la familia que donó ese edificio en 1981 al Ayuntamiento, le hizo firmar al Municipio que no podría modificarlo en su apariencia, por ser histórico.
A este ritmo, probablemente la remodelación esté lista en octubre del 2027, cuando Luis Ernesto Munguía ya se tenga que ir, porque eso sí, las elecciones no va a ganar, ni él ni a quien ponga de su partido.
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