El presidente municipal Luis Ernesto Munguía González vuelve a apostar por la fórmula del video viral: un nuevo spot pagado al portal nacional Badabun (de los cuáles ya lleva varios en su gobierno) fue lanzado ayer, y ahora, lo presenta como un superhéroe impulsor del “rescate de los peques” a través de los llamados Tukilandias. Una narrativa emotiva, cuidadosamente editada y con ritmo de red social, con una presentadora joven, donde todo parece funcionar… salvo la coincidencia con lo que opinan muchos ciudadanos fuera de la pantalla.
El material no escatima en recursos narrativos: música inspiradora, tomas dinámicas, sonrisas infantiles y escenas de un alcalde guapo y abrazando gente, cercano, casi protagonista de una historia donde los problemas cotidianos simplemente no existen. La apuesta es clara: convertir la gestión pública en contenido digerible, breve y compartible. El problema —otra vez— es lo que ocurre cuando el video termina y empiezan los comentarios.
Lejos de consolidar la imagen buscada, la publicación fue rápidamente tomada por usuarios, vallartenses que llenaron la sección de comentarios desmintiendo al vídeo y reclamando sufrir uno de los peores gobiernos en la historia de la ciudad, burlas y enojos contra Badabum por prestarse a mentir. Es decir, la audiencia sí llegó… pero no necesariamente para aplaudir.
Y es que en la realidad, los Tukiparques, eje central de esta campaña, cargan ya con su propia historia de controversia. Cada uno con costos que rebasarían los 7 millones de pesos, han sido señalados por presuntos sobreprecios y dudas sobre la calidad de los materiales. En ese contexto, la estrategia de comunicación parece apostar por algo curioso: si el fondo genera ruido, se le sube el volumen a la forma.
Porque no es un detalle menor cuánto cuesta contar esta historia. De acuerdo con estimaciones y reportajes en otras partes del país, un solo video de este tipo con Badabun puede superar los 125 mil pesos, mientras que un contrato de difusión más amplio podría escalar hasta el millón. Cifras que, en otro escenario, podrían pasar desapercibidas como parte de una estrategia de posicionamiento. Pero aquí aparece la ironía completa.
Resulta que el gobierno de Luis Ernesto Munguía parece no escatimar recursos del erario en contratar a un medio juvenil nacional y frívolo como Badabum —donde no falta presupuesto para encuadres, guion y distribución—, pero actualmente el Ayuntamiento arrastra adeudos enormes con los medios de comunicación locales que llevan entre siete y ocho meses sin recibir pago. Esos mismos medios que difundieron boletines, cubrieron agenda institucional y sostuvieron durante meses la presencia pública del Gobierno Municipal, hoy permanecen en lista de espera. Badabum es VIP. La narrativa oficial fluye… los pagos, no tanto.
Así, la administración construye una realidad paralela donde los parques brillan, los niños sonríen y todo cabe en menos de un minuto de video vertical. Mientras tanto, fuera del encuadre, persisten los reclamos por prioridades, transparencia y resultados tangibles.
Porque si algo ha quedado claro, es que en Puerto Vallarta no falta producción mediática… lo que empieza a escasear es la credibilidad. Pero al alcalde no le interesa la realidad, sino las redes sociales y sacar en ellas videos y fotos donde su barba salga bien encuadrada y él abrazando viejitas.
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