Pareciera que en Puerto Vallarta hemos inaugurado una nueva y curiosa forma de gobierno: el ayuntamiento estatal. Y no, no es broma ni sátira, sino una desaforunada práctica de facto, que hoy tiene al Gobierno Municipal en la zona de confort, solamente esperando las instrucciones y obras del Gobierno de Jalisco.
Y es que resulta fascinante observar cómo la administración estatal del gobernador Pablo Lemus se ha convertido en la verdadera cara de la gestión pública en el municipio, mientras que en la silla de la presidencia municipal Luis Ernesto Munguía parece haber adoptado el cómodo papel de espectador de primera fila, quizá esperando que alguien le explique para qué sirve su cargo si el «gober» es quien trae la cartera y las palas.
No es que el gobernador sea un salvador desinteresado; simplemente remitiéndonos a los hechos, casi todos los logros que el alcalde Luis Ernesto Munguía González se ha empeñado en presumir, son obras del Gobierno de Jalisco o apoyos con recursos estatales. De los cuáles él compra mérito al decir que «los gestionó».
Hagamos un pequeño recuento: primero, el despliegue de obras como el nodo vial de Las Juntas —con su inversión proyectada de 2,200 millones de pesos—; luego el muelle de la calle Uruguay frente al Hotel Rosita, proyecto aún por arrancar. También, el nuevo muelle de Mismaloya con sus 55 millones iniciales y, ahora, la reconstrucción del puente La Desembocada bajo la firma estatal. Además, el proyecto «Colmena» que es del DIF estatal pero lo presumirá el DIF municipal. Y los programas escolares de útiles, así como apoyos a emprendedores, e incluso, la gestión de un Hospital Civil en el CUCosta.
Todas han sido propuestas dadas a conocer con el gobernador en rueda de prensa y que el propio Pablo Lemus presume como «la buena voluntad» de su administración con Puerto Vallarta y el alcalde Luis Ernesto Munguía.
Lo cuál lleva a levantar una duda razonable: ¿qué intereses reales tiene Lemus para absorber de tal manera la agenda de un municipio que, en teoría, tiene su propio gobierno? ¿Porqué lleva más de 15 giras en Puerto Vallarta el gobernador y sale a dar la cara por asuntos que incluso solo le competen a la esfera local?
Esta hiperactividad del Gobierno de Jalisco deja en una posición sumamente incómoda a un Munguía que parece haber entregado las llaves de la ciudad sin oponer la más mínima resistencia. Por supuesto, se habla del acuerdo político de colaboración entre Pablo Lemus y Luis rumbo a la elección del 2027, pero hasta ahora los detalles son opacos.
Pero si el poder estatal es el que proyecta los centros Colmena para «recomponer el tejido social», el que supervisa los manglares del Estero El Salado y cuida la ecología; repara las calles y avenidas de la franja turística de la ciudad, además de tener la agenda turística y social del puerto; y finalmente es el que sale a pronunciarse, comunicar y tomar el control de la reactivación económica tras cada crisis o evento de inseguridad que azota al puerto —como si Lemus fuera también el alcalde de Puerto Vallarta—, uno no puede evitar preguntarse qué funciones le quedan al titular del Ayuntamiento.
¿Sigue ahí el señor Munguía o es simplemente un gestor de relaciones públicas que le ha dejado toda la «chamba» a la gente de Guadalajara? La omnipresencia de Lemus en temas locales no es gratuita; en política, cuando un gobernador hace el trabajo de un alcalde, es porque el vacío de poder es tan grande que alguien más ya decidió llenarlo por conveniencia propia, y eso le beneficia al patrocinador, no a los gobernados.
Tal esa pasividad de Munguía que en la última rueda de prensa, por las medidas de reactivación tras los bloqueos, el presidente municipal de Puerto Vallarta ni siquiera tomó la palabra, todo fue expuesto por el gobernador, teniendo al alcalde a su lado cual bil marioneta o muñeco de felpa adornando la mesa.
Lo más irónico de esta tutela estatal es el vacío administrativo y financiero que se percibe en lo local. Mientras el gobernador se apropia de la narrativa de la «gran infraestructura» y presume el nuevo sistema de transporte eléctrico de 897 millones de pesos, los servicios municipales básicos están en cuidados intensivos.
El propio alcalde ha tenido que reconocer deficiencias críticas en la recolección de basura y en el suministro de agua, mientras la deuda pública bajo su gestión ya se ha disparado más de un 41 %, alcanzando los 441 millones de pesos al cierre de septiembre de 2025.
¿Dónde está quedando el dinero de los vallartenses si las obras de impacto las paga el estado y el municipio solo se dedica a pedir préstamos de 181 millones para «pavimentación» que nadie ve concretarse?.
Con una falta de liquidez que ya es un secreto a voces y un Cabildo que autoriza refinanciamientos millonarios, la administración municipal se ha convertido en un ente decorativo que ni siquiera garantiza que los camiones de basura pasen a tiempo por las colonias.
Al final del día, el protagonismo de Lemus y el rezago de Munguía nos pintan un escenario de intervención de facto. El alcalde ha quedado relevado de sus funciones más básicas, permitiendo que el estado marque el ritmo de la ciudad incluso en las tareas más elementales de reconstrucción.
Habría que cuestionar seriamente qué factura política está pagando el municipio al dejarse desplazar de esta manera y qué es lo que realmente busca el gobernador al actuar con tanta celeridad en un puerto que parece haber perdido a su capitán oficial. Si la tendencia sigue así, tal vez para la próxima elección nos ahorremos el sueldo de la presidencia municipal; total, ya vimos que el gobernador tiene intereses muy particulares en hacer toda la tarea y manejar la caja de resonancia de Vallarta, mientras el alcalde se limita a observar desde la barrera cómo otros disponen del destino y los recursos del puerto.
Al final, este dúo nada dinámico sí es muy sospechoso. Ya que ni siquiera en Guadalajara, la capital de Jalisco, el gobernador hace tantas visitas con la alcaldesa ni le anuncia tantos proyectos. Algo quiere o tiene Pablo Lemus en Puerto Vallarta y no sabemos que es, pero en los hechos, ejerce más la función de ser el alcalde que el propio edil electo, dicho sea de paso, por un partido político supuestamente de la Cuarta Transformación, que recordemos, es un proyecto enemigo y rival de Movimiento Ciudadano.
#PrimeroVallarta TE INFORMA.