A pesar de las reiteradas promesas del gobernador Pablo Lemus de que entre 60 y 80 nuevos autobuses se sumarán a la flota de transporte público de Puerto Vallarta, la realidad del servicio que enfrentan los ciudadanos es cada vez más precaria. Mientras los usuarios se resignan a largas esperas y a viajar en unidades insuficientes y con un calor insoportable, una investigación revela que la empresa Unibus PV está desmantelando su parque vehicular.
Documentos públicos de la casa de subastas Hilco Global muestran un alarmante inventario: 130 autobuses de la concesionaria, muchos de ellos del modelo DINA LINER G, están a la venta. Estas unidades, adquiridas a partir de 2018 con la promesa de modernizar el servicio, ahora son ofrecidas a particulares en condiciones que varían de semioperativas a completamente descompuestas. En los catálogos de subasta, es posible ver que muchos de estos camiones aún conservan las letras de las rutas de Puerto Vallarta en sus parabrisas.
Esta situación no solo genera un desconcierto general, sino que también pone en entredicho el discurso oficial. La llegada de nuevas unidades, que se ha pospuesto por casi un año, podría no significar un aumento real en la capacidad de la flota, sino un simple reemplazo de los autobuses que están siendo retirados de circulación. La falta de camiones ha sido un problema constante en la ciudad, provocando tiempos de espera de hasta 45 minutos en algunas rutas, una situación que los vallartenses sufren a diario.
El misterio se profundiza al considerar que muchos de los autobuses subastados no tienen ni siquiera 10 años de antigüedad. Algunos modelos datan de 2017 a 2019. Las justificaciones de Unibus PV, que en el pasado culpó a la falta de potencia de sus motores a gas natural para no usar el aire acondicionado, parecen insuficientes ante el hecho de que tantas unidades están siendo dadas de baja. Además, se sabe que las descomposturas son frecuentes y muchas no se reparan.
La pregunta que resuena en la comunidad es a dónde irá el dinero de esta subasta y por qué Unibus PV prefiere vender estas unidades en lugar de repararlas y reintegrarlas al servicio. Mientras los funcionarios públicos prometen un futuro con autobuses articulados y paradas techadas, la cruda realidad del transporte en Vallarta evidencia un problema de fondo que nadie parece querer abordar: la falta de interés por ofrecer un servicio digno y la sospecha de que la privatización del transporte público se ha convertido en un negocio que beneficia a unos pocos, a costa de la comodidad y el bolsillo de miles de trabajadores.