Un estruendo rompió la tarde en la avenida Francisco Medina Ascencio. A la altura de Las Glorias, un camión de la ruta Compostela, conocido por circular largas rutas desde el Estadio hasta Guayabitos, se volteó con pasajeros abordo.
La imagen del vehículo destrozado, con el chofer prensado en el asiento, se convirtió en un recordatorio brutal de un problema que los vallartenses viven a diario: la falta de supervisión en el transporte público.
El accidente, en sí mismo, es una tragedia. Bomberos y paramédicos lucharon para liberar al conductor, quien fue el único herido de gravedad mientras 5 pasajeros tuvieron golpes menores.
Pero la incertidumbre sobre el estado de los pasajeros flotaba en el aire, a la vista de todos estaba la escena del autobús volteado y dañado como monumento al peligro cotidiano de abordar un camion.
Más allá de la emergencia, este choque es la punta de un iceberg de negligencia. El caos que reina en el paradero de autobuses de Las Glorias y Galerías —donde camiones de las rutas Medina y Compostela compiten por subir pasaje, haciendo maniobras imprudentes y saliendo a toda prisa— no es un secreto para nadie. Es un espectáculo de alta velocidad que se repite hora tras hora.
En el video de seguridad, se ve que la unidad siniestrada, iba a un exceso de velocidad sobre la lateral en una zona donde debería irnkas despacio por acabar de subir pasaje.
La pregunta que resuena en la mente de los ciudadanos es la misma de siempre: ¿quién regula a estas empresas? Los accidentes de tránsito pueden ocurrir en cualquier momento, pero las posibilidades incrementan con cuantía si no se siguen protocolos de condición adecuados.
Los conductores de Compostela y Medina, presionados para cumplir horarios y rutas, a menudo sacrifican la seguridad. La falta de capacitación, los turnos extenuantes y el nulo control sobre la velocidad y el estado de las unidades son factores que ponen en riesgo a miles de personas cada día.
Este accidente en Las Glorias es un llamado de atención. Los vallartenses, como usuarios de este servicio, estan expuestos a estos riesgos. No se trata solo del chofer o la empresa; se trata de una responsabilidad compartida que las autoridades no han asumido con la seriedad que amerita. Es hora de que se exija una supervisión real y efectiva, antes de que el próximo accidente sea la crónica de una tragedia aún mayor.