El servicio de recolección de basura en Puerto Vallarta mantiene deficiencias graves, pese a la entrega de supuestos nuevos camiones y al discurso del Ayuntamiento de que cuenta con una flota propia de alrededor de 30 unidades. En las calles, sin embargo, esa capacidad no se refleja: continúan apareciendo grandes acumulaciones de desperdicios en esquinas, cruces, banquetas, terrenos y junto a bardas.
Las llamadas “islas de basura” permanecen durante días a la intemperie, donde las bolsas terminan rotas por animales y los residuos orgánicos entran en descomposición. El resultado son malos olores, moscas, cucarachas, roedores y escurrimientos que convierten el problema operativo en un asunto serio de higiene y salud pública.
La situación se agrava durante las lluvias. Parte de los desperdicios es arrastrada hacia alcantarillas, canales, arroyos y ríos, hasta terminar en el mar. Los líquidos generados por la descomposición, conocidos como lixiviados, corren por las calles y pueden transportar contaminantes, bacterias y materia orgánica hacia el sistema pluvial.
Aunque el Gobierno Municipal insiste en que ha fortalecido el servicio, numerosos sectores de la ciudad continúan padeciendo retrasos y rutas irregulares. La basura añejada, mojada por la lluvia y expuesta al calor produce un olor penetrante que afecta directamente a las familias, comercios y peatones que deben convivir con los montones acumulados.
Los propios trabajadores del área de recolección ya se manifestaron para advertir que el problema no es únicamente la falta de unidades. Señalaron carencias de diésel, gasolina, refacciones, herramientas y personal suficiente para cubrir las rutas, además de camiones detenidos por fallas mecánicas y falta de mantenimiento.
Esto obliga al Ayuntamiento a explicar cuántos vehículos realmente están funcionando, cuántos permanecen en reparación y cuántos pueden salir diariamente a recorrer las colonias. Presumir una flota total no sirve si una parte importante permanece inmovilizada o si no existen recursos para abastecerla de combustible.
También debe transparentarse cuánto dinero se está destinando al mantenimiento, las refacciones y la operación diaria de los camiones. La crisis ya no puede justificarse únicamente con cambios de horarios, nuevas rutas o anuncios de unidades recién entregadas, mientras la población sigue viendo la basura crecer frente a sus viviendas.
Puerto Vallarta es un destino turístico internacional, pero en numerosas colonias la imagen cotidiana continúa siendo la de calles sucias, residuos desbordados y desperdicios en descomposición. La pregunta que el Ayuntamiento sigue sin responder es sencilla: ¿hasta cuándo se normalizará realmente la recolección y dejará la ciudad de oler a basura?
#PrimeroVallarta TE INFORMA con la verdad