Lo que debía ser una jornada inolvidable para cientos de estudiantes que concluyeron la secundaria y el bachillerato terminó dejando una larga lista de inconformidades entre madres, padres de familia y asistentes, luego de que, por una llamativa coincidencia, cinco planteles decidieran nombrar como padrino de generación al alcalde Luis Ernesto Munguía González y ajustar sus ceremonias a la disponibilidad de su agenda.
De acuerdo con el programa oficial, el presidente municipal inició su recorrido a las 8:00 de la mañana en la graduación de la Secundaria Técnica 81, continuó a las 9:00 con el Módulo Prepa Ixtapa en el Teatro Vallarta y posteriormente acudió, una tras otra, a las ceremonias de las Secundarias Técnicas 56, 15 y 3, todas celebradas el mismo día.
La sincronización llamó la atención de padres de familia, quienes aseguran que varias ceremonias fueron reprogramadas para que el alcalde pudiera asistir como padrino de generación. Esa decisión, afirman, terminó provocando prisas, cambios de última hora y una organización deficiente que afectó a estudiantes e invitados.
En al menos cuatro de las graduaciones se reportaron problemas de sobrecupo debido a que los recintos elegidos resultaron insuficientes para la cantidad de asistentes. Las quejas apuntan a que la Presidencia Municipal habría intervenido recomendando sedes para los eventos, decisión que terminó generando espacios saturados, dificultades de acceso e incomodidad para las familias.
Pero quizá lo más extraño fue la inusual facilidad con la que, según trascendió, los directivos escolares consiguieron que el alcalde aceptara ser padrino de generación en tantos planteles. Padres cuestionan que mientras obtener una audiencia con el presidente municipal puede tomar semanas o incluso meses sin respuesta, en esta ocasión la gestión fue prácticamente inmediata y repetida en varias escuelas.
La figura del padrino de generación suele reservarse para personas con una trayectoria cercana a la comunidad estudiantil o que realizan alguna aportación significativa a la generación. Sin embargo, diversos asistentes señalaron que el alcalde no patrocinó los eventos ni realizó algún apoyo visible para los alumnos. Aseguran que no hubo obsequios, apoyos económicos, mejoras en las ceremonias ni siquiera detalles básicos como ofrecer agua a los asistentes durante actos que se prolongaron por varias horas. Los papás tuvieron que pagar en cooperación por alumno graduado cada recinto en el que fue la ceremonia, en algunos cosos un hotel en otros el Teatro Vallarta.
Incluso, en algunas ceremonias, comentaron asistentes, la participación del presidente municipal fue mínima, limitándose a ocupar un lugar en el presídium y, en ciertos casos, sin dirigir un mensaje a los graduados.
Las críticas también alcanzan a los directivos escolares, pues padres consideran que existió un interés poco habitual por convertir al alcalde en padrino de generación, alimentando sospechas sobre posibles acuerdos políticos o promesas de futuras gestiones que terminaron imponiéndose sobre la correcta organización de un evento cuyo verdadero propósito era reconocer el esfuerzo de los estudiantes.
Para muchas familias, la jornada dejó una pregunta inevitable: si el protagonista debía ser el alumnado que concluyó una etapa importante de su formación, ¿por qué todo pareció organizarse alrededor de la agenda de un funcionario público y no de las necesidades de quienes realmente celebraban su graduación?
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