La derrota de la Selección Mexicana ante Inglaterra por marcador de 3 – 2 en los octavos de final del Mundial 2026 terminó también con una conveniente cortina de humo política en Puerto Vallarta. Mientras el país soñaba con romper maldiciones mundialistas, en Vallarta el gobierno de Luis Ernesto Munguía González encontró durante unas semanas una distracción perfecta: futbol, playeras verdes, pantallas, discursos de ánimo y la ilusión nacional convertida en anestesia pública. Pero el balón dejó de rodar para México, y la realidad municipal volvió a aparecer sin filtro.
El problema para Munguía es que la eliminación no solo apagó la fiesta futbolera: también regresó la conversación a lo que sus colonias viven todos los días. Basura acumulada, fallas en la recolección, calles deterioradas, drenajes colapsados, reportes de aguas negras, obras cuestionadas y una administración señalada por opacidad y gastos difíciles de justificar. El gobierno que intentó envolverse en el ánimo mundialista vuelve ahora a enfrentar la pregunta que no se resuelve con porras: ¿dónde están los servicios públicos que prometieron?
La crisis de basura sigue siendo uno de los puntos más sensibles. Aunque el Ayuntamiento ha insistido en que la recolección está garantizada, medios locales han documentado que el servicio aún no se regulariza por completo, en medio de cambios de rutas, quejas ciudadanas y el antecedente de una deuda millonaria con Red Ambiental, que llegó a estimarse en alrededor de 240 millones de pesos.
A ello se suma el golpe ambiental y administrativo del relleno sanitario El Gavilán, clausurado parcialmente por la Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente tras observaciones relacionadas con su operación y luego del incendio registrado en el sitio. La autoridad estatal informó la medida el 5 de junio, mientras el municipio respondió habilitando áreas temporales para seguir depositando residuos. Es decir: Vallarta no solo tiene basura en las calles; también arrastra un problema estructural en el destino final de sus desechos.
En drenaje, la narrativa oficial tampoco alcanza para tapar los olores. SEAPAL ha informado reparaciones, fugas atendidas y taponamientos en distintos puntos de la ciudad, incluido un caso en avenida Francisco Medina Ascencio por un cono atorado en un pozo de visita. Pero para los ciudadanos que ven aguas negras correr por calles o reportan colapsos en temporada de lluvias, el parte institucional suena más a control de daños que a solución de fondo.
Mientras tanto, la conversación pública ha sido marcada por señalamientos de gastos absurdos y falta de transparencia. En medios y redes se han difundido denuncias por compras como un perchero de más de 200 mil pesos, millones en tamales y contratos cuestionados, además de críticas por una administración que parece encontrar dinero para lujos, eventos y propaganda, pero no para resolver con eficacia lo elemental: recoger basura, mantener calles transitables, atender drenajes y rendir cuentas claras.
La ironía es brutal: mientras México perdió contra Inglaterra, Munguía perdió la distracción. El “ánimo mundialista” se acabó antes de que el gobierno municipal pudiera esconder bajo la playera de la Selección los reclamos vecinales. Vallarta no está eliminado de un torneo; está atrapado en una administración que presume discurso mientras sus colonias reclaman servicios básicos.
Ahora, sin México en la cancha, ya no hay sexto partido que usar como conversación nacional. En Puerto Vallarta queda el partido más incómodo para el alcalde, es el Verde, que tiene un pésimo gobierno a cuestas. Ahora le toca enfrentar una ciudad molesta, calles sucias, servicios rebasados y una ciudadanía que cada vez parece menos dispuesta a aplaudir campañas mientras vive entre basura, aguas negras y opacidad.
#PrimeroVallarta TE INFORMA con tristeza