Apenas después de que el gobierno municipal presumiera la entrega de cuatro camiones recolectores nuevos y cinco camionetas para reforzar el servicio de aseo público, en Puerto Vallarta el problema de la basura sigue sin resolverse. En distintas colonias, vecinos reportan que el camión continúa sin pasar con regularidad, lo que ha provocado acumulación de bolsas, cartones y desechos en esquinas, calles y puntos de alto tránsito.
La molestia ciudadana ha escalado. En algunas zonas, habitantes han comenzado a sacar la basura a la vía pública, no solo por falta de espacio en sus casas, sino también como forma de presión ante el gobierno municipal. Montones de residuos han aparecido en cruceros, esquinas y accesos principales, convirtiéndose en una protesta visible contra un servicio que, pese a los anuncios oficiales, sigue fallando en la práctica.
El contraste es fuerte: mientras el alcalde Luis Ernesto Munguía González encabezó la entrega de nuevas unidades y habló de una primera etapa para estabilizar el servicio, en las calles el ciudadano sigue viendo bolsas negras abiertas, malos olores, animales rompiendo desechos y basura bloqueando parcialmente la circulación peatonal o vehicular. Para muchos vecinos, el problema no es el discurso, sino que el camión simplemente no llega.
Uno de los casos que más llamó la atención ocurrió en la Unidad Municipal Administrativa, la UMA, donde ciudadanos llevaron basura durante la noche como una forma de protesta directa frente al gobierno municipal. La respuesta fue rápida: el municipio retiró los desechos, aparentemente por un tema de imagen pública. Esa reacción encendió todavía más la molestia, porque en colonias donde la basura permanece días en la calle, la atención no llega con la misma velocidad.
El mensaje ciudadano es claro: cuando la basura aparece frente a las oficinas del gobierno, se recoge de inmediato; cuando se acumula en colonias, callejones, zonas populares o puntos alejados del centro, la solución tarda. Esa diferencia alimenta la percepción de que el Ayuntamiento actúa más rápido cuando el problema afecta su imagen que cuando afecta la vida diaria de los vecinos.
La administración municipal ha señalado que los nuevos camiones permitirán reforzar rutas y cubrir más colonias. También informó que las camionetas servirán para atender reportes y recoger cacharros durante la temporada de lluvias. Sin embargo, la entrega de unidades no basta si no existe una operación eficiente, rutas claras, horarios cumplidos, personal suficiente y mantenimiento permanente del parque vehicular.
La responsabilidad política y operativa recae en el gobierno de Luis Ernesto Munguía. La basura es un servicio básico municipal, no un favor ni una campaña de imagen. Si la administración decidió enfrentar directamente el problema, como dijo el alcalde durante la entrega de los camiones, entonces también debe asumir los resultados cuando el servicio no funciona.
Puerto Vallarta no puede normalizar montones de basura en sus calles. Además de la mala imagen urbana, el problema genera riesgos sanitarios, presencia de fauna nociva, malos olores y afectaciones directas a vecinos y comercios. En temporada de lluvias, la acumulación de desechos también puede obstruir escurrimientos, alcantarillas y canales, agravando otros problemas urbanos.
La llegada de cuatro camiones nuevos debió representar una mejora inmediata o, al menos, una señal clara de orden. Pero si en los hechos las colonias siguen esperando el paso del recolector, la entrega queda como un acto incompleto. El verdadero resultado no se mide en fotografías oficiales ni en discursos, sino en calles limpias.
Por ahora, la crisis de la basura sigue siendo uno de los pendientes más visibles del gobierno municipal. Y mientras los vecinos tengan que sacar sus bolsas a los cruceros, llevarlas a oficinas públicas o bloquear espacios para que alguien les haga caso, quedará claro que Puerto Vallarta todavía no tiene estabilizado su servicio de recolección.
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