Puerto Vallarta tiene fugas de agua, socavones, drenajes colapsados, calles abiertas, obras inconclusas y una larga lista de pendientes urbanos que no se arreglan con selfies desde un estadio. Pero, al parecer, para algunos funcionarios del gobierno de Luis Ernesto Munguía González, la verdadera urgencia estaba en Guadalajara: llegar al partido México contra Corea del Sur del Mundial 2026.
El caso apunta a Terrance Vincent O’Halloran Lepe, gerente de Territorio y Ciudad Sostenible del Ayuntamiento de Puerto Vallarta, quien no fue exhibido por terceros en un primer momento: se puso solo en evidencia al subir varias historias a su cuenta de Instagram desde el estadio, presumiendo su asistencia al encuentro. Después, las historias fueron borradas. Una decisión que, lejos de cerrar el tema, lo volvió más incómodo.
Porque cuando un servidor público publica su presencia en un evento de alto costo y luego elimina el contenido, la pregunta se vuelve inevitable: ¿por qué borrar algo que supuestamente no tenía nada de irregular? Si fue con dinero propio, en día libre y con sus pendientes en regla, bastaría con explicarlo. Pero cuando la explicación no llega y las publicaciones desaparecen, la sospecha encuentra estacionamiento VIP.
De acuerdo con la oferta oficial de hospitalidad de FIFA para el Mundial 2026, los paquetes para partidos en Guadalajara arrancan en miles de pesos por persona, mientras que las zonas premium pueden alcanzar cifras mucho más elevadas. Además, en plataformas de reventa se han observado entradas para partidos de México con precios que pueden llegar a decenas de miles de pesos. Es decir, no hablamos precisamente de una ida al cine con combo chico.
Y aquí la ironía se escribe sola: mientras los ciudadanos reportan fugas, baches, trámites lentos, drenajes reventados y una ciudad con problemas acumulados, uno de los funcionarios encargados de temas urbanos decidió que era buen momento para hacer maleta y vivir la experiencia mundialista. Vallarta podía esperar; total, los socavones no se iban a mover de lugar.
El punto no es si a Vincent le gusta el futbol. Tampoco se trata de decir que asistir a un partido sea delito. El problema es el mensaje público. Un gerente municipal, con responsabilidades dentro de una ciudad que exige atención urgente, aparece disfrutando un evento de alto costo mientras su área de responsabilidad sigue acumulando reclamos. En política, las formas también cuentan. Y esta forma parece decir: “ustedes reporten, yo regreso después del silbatazo final”.
Incluso hay que reconocer algo: ni el propio alcalde Luis Ernesto Munguía González se fue a Guadalajara a ver a México. Los dos partidos de la Selección los ha visto en la Zona Fan de Puerto Vallarta, acompañado de su círculo cercano y hasta enfrente de la pantalla, sí, pero dentro del municipio. Vincent, en cambio, prefirió la postal mundialista fuera de la ciudad.
Por eso el asunto no debería despacharse con un simple “estaba en su tiempo libre”. La autoridad municipal tendría que aclarar si el funcionario pidió permiso, si estaba de vacaciones, si dejó encargados sus pendientes, si utilizó días oficiales, si hubo viáticos, si recibió cortesía o invitación, y quién pagó la entrada. Porque cuando se trata de servidores públicos, la transparencia no es opcional ni se borra como una historia de Instagram.
Visto desde la calle, este episodio luce como una falta de respeto y, cuando menos, como un acto de abandono laboral simbólico: mientras la ciudad requiere presencia, supervisión y respuestas, el responsable de un área clave aparece celebrando desde otro municipio. Para eso no hay VAR que salve la jugada.
Puerto Vallarta no necesita funcionarios con mejor vista al campo; necesita funcionarios que caminen las colonias, atiendan reportes, expliquen pendientes y den la cara. La ciudad ya tiene demasiados espectadores. Lo que le faltan son servidores públicos que entiendan que no fueron contratados para ver cómo se acumulan los problemas desde primera fila.
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