A pesar de que SEAPAL Vallarta estimó que la reparación del socavón registrado sobre la avenida Prisciliano Sánchez quedaría resuelta en un plazo máximo de 72 horas, la afectación continúa generando molestias severas a automovilistas, vecinos y usuarios de una de las vialidades más transitadas de Puerto Vallarta.
El hundimiento se originó por el colapso de un tramo del Colector Centro-Norte, infraestructura sanitaria considerada clave para la ciudad, lo que obligó al cierre de carriles y a la implementación de cambios viales en la zona de Avenida México, Prisciliano Sánchez, El Capricho, Las Moras y Vallarta 500. De acuerdo con la propia información oficial, SEAPAL aseguró que los trabajos se desarrollarían de manera ininterrumpida y que concluirían en un plazo máximo de 72 horas.
Sin embargo, tras cumplirse ese periodo, el socavón sigue representando un obstáculo para la movilidad. Conductores reportan retrasos considerables, vueltas prolongadas y trayectos que pueden extenderse hasta cerca de una hora, debido a los cierres parciales, desvíos y saturación de rutas alternas.
La molestia ciudadana se ha incrementado no solo por la permanencia del socavón, sino por la percepción de lentitud en la obra. Vecinos y automovilistas señalan que, en distintos momentos del día, la maquinaria permanece sin movimiento durante varias horas, pese a que la afectación mantiene bloqueada una zona estratégica para la circulación hacia La Aurora, Las Juntas, Ixtapa y distintos fraccionamientos del norte de la ciudad.
El problema no es menor: se trata de una vialidad de alto flujo, utilizada por trabajadores, estudiantes, transporte público, repartidores y familias que diariamente cruzan entre colonias densamente pobladas. Cada hora de retraso en la reparación se traduce en pérdida de tiempo, gasto adicional de combustible, congestionamientos y mayor presión sobre calles secundarias que no están diseñadas para absorber esa carga vehicular.
Aunque SEAPAL ha informado avances en la estabilización del Colector Centro-Norte y en la rehabilitación de la infraestructura sanitaria, el contraste entre el discurso oficial y la realidad vial mantiene abierta la crítica ciudadana. Para quienes circulan por la zona, el compromiso de las 72 horas quedó rebasado por los hechos: el socavón sigue ahí y la movilidad continúa afectada.
La situación también exhibe una falta de coordinación y respuesta efectiva del gobierno municipal frente a emergencias urbanas. Si bien el colapso corresponde a infraestructura sanitaria, sus efectos impactan directamente en la vialidad, la seguridad y la vida cotidiana de miles de personas, por lo que la atención no puede limitarse a comunicados de avance sin resultados visibles en la calle.
Automovilistas consultados señalan que no basta con colocar señalamientos, desviar carriles o pedir paciencia. Exigen información precisa sobre el avance real de los trabajos, un nuevo plazo creíble de conclusión y, sobre todo, presencia operativa constante en el punto afectado.
La emergencia también dejó en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura sanitaria de Puerto Vallarta. El colapso del colector no solo provocó el socavón, sino que estuvo relacionado con afectaciones previas por derrames de aguas residuales en zonas como Versalles y el entorno del parque Las Palmas, lo que confirma que el problema rebasa una simple reparación superficial.
Mientras tanto, la ciudadanía enfrenta las consecuencias de una obra que avanza con demasiada lentitud para la urgencia del caso. El reclamo central es claro: si se prometieron 72 horas, la autoridad debe explicar por qué no se cumplió, qué falta por hacer y cuándo quedará realmente liberada la vialidad.
El socavón de Prisciliano Sánchez se ha convertido así en otro símbolo de ineficiencia municipal: una falla de infraestructura que paraliza una zona clave, maquinaria que no siempre se observa en operación constante y ciudadanos obligados a pagar con tiempo, gasolina y molestias una respuesta oficial que no ha estado a la altura de la emergencia.
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