Los hermanos Munguía pasarán al basurero de la historia recordados como dos gigantes obstáculos que frustraron sueños entre los jóvenes atletas
El deporte en Puerto Vallarta atraviesa una de sus etapas más tristes, marcado por señalamientos de abandono en infraestructura, falta de becas, ausencia de apoyos económicos para selecciones locales y cobros a disciplinas que, pese a utilizar espacios públicos, denuncian no recibir instalaciones en condiciones dignas.
Bajo la gestión de un tal William Arredondo que se dice director del COMUDE, diversos sectores deportivos han comenzado a expresar molestia por lo que consideran una administración sin resultados, sin rumbo y sin sensibilidad hacia atletas, entrenadores y familias que sostienen con recursos propios la participación de jóvenes vallartenses en torneos locales, regionales y nacionales.
El reclamo principal es claro: no hay beca, no hay recursos económicos visibles para apoyar a selecciones deportivas y no existe una política pública seria para respaldar al talento local. En lugar de acompañar a quienes representan a Puerto Vallarta en competencias, deportistas y padres de familia denuncian que deben realizar rifas, cooperaciones, ventas y aportaciones personales para cubrir traslados, uniformes, inscripciones y hospedajes para los torneos.
A esta falta de apoyo se suma una queja más grave: el cobro por el uso de canchas a distintas disciplinas, entre ellas voleibol y básquetbol, aun cuando los espacios deportivos presentan deterioro, suciedad, falta de mantenimiento y condiciones poco indignas para entrenamientos o competencias. Además cobran por separado el uso de baños por cada ocasión que se ingrese. Para quienes practican deporte, resulta contradictorio que se cobre por instalaciones públicas y se cobre aparte por el uso de sus baños, mientras el propio Gobierno Municipal no garantiza su conservación.
Uno de los casos más visibles es la alberca olímpica de La Bobadilla, instalación que durante años representó una promesa para el desarrollo acuático del municipio, pero que hoy permanece como símbolo del abandono. De acuerdo con señalamientos de usuarios y deportistas, la alberca simplemente jamás fue restaurada, y hoy sus sistemas de filtración y tubería ya no son funcionales y el espacio quedó prácticamente inutilizado para la formación de nuevas generaciones.
El deterioro no se limita a las unidades deportivas. También se reportan ciclovías destruidas, canchas en malas condiciones, espacios sucios y áreas deportivas que operan sin una estrategia real de recuperación. El resultado es un panorama de frustración para jóvenes atletas que, pese a tener talento, disciplina y voluntad, se enfrentan a un
Gobierno Municipal como equipo oponente a vencer en la adversidad de sus esfuerzos deportivos, pues este no solo no les ofrece herramientas mínimas para crecer, sino que les obstaculiza el desempeño.
En el ambiente deportivo local también se señala la presunta influencia de “Miyagui” Munguía, hermano del presidente municipal Luis Ernesto Munguía González, sobre decisiones relacionadas con el deporte municipal. Estas versiones apuntan a que William Arredondo no tendría autonomía en la conducción del COMUDE y que las decisiones relevantes estarían sujetas a intereses políticos internos de Miyagui, quien tiene negocios a raíz del deporte municipal.
Por la gravedad de esos señalamientos, el Ayuntamiento debería aclarar con transparencia quién toma las decisiones, cómo se distribuyen los recursos y qué criterios se usan para apoyar o no a los deportistas. Pero no lo hace.
Mientras las disciplinas formativas reclaman falta de becas, apoyos y mantenimiento, por otro lado las carreras y maratones organizados o promovidos desde el ámbito municipal parecen mantenerse como una de las actividades más activas. Sin embargo, también ahí surgen dudas: deportistas cuestionan cuáles son los beneficios reales para la comunidad deportiva, cuánto se recauda, a dónde se destinan los recursos y por qué ese dinamismo no se refleja en mejores canchas, albercas, ciclovías o apoyos a selecciones.
La crítica de fondo es que el deporte vallartense no puede convertirse en escaparate para eventos de imagen mientras las bases deportivas permanecen abandonadas. Un municipio que presume actividad física, pero no respalda a sus atletas, no mantiene sus espacios y no transparenta el uso del dinero, termina enviando un mensaje desalentador a la juventud: hay promoción para la foto, pero no apoyo para competir en la realidad.
Hoy el deporte vallartense seguirá hundido en el abandono. La historia no recordará los discursos ni las carreras de relumbrón, sino las canchas rotas, la alberca perdida, los atletas sin apoyo y una generación de jóvenes que pudo llegar más lejos, pero fue frenada por la indiferencia de sus autoridades. Los hermanos Munguía pasarán al basurero de la historia recordados como dos gigantes obstáculos que frustraron sueños entre los jóvenes atletas y se robaron la ilusión de muchos talentos. Lo bueno, es que en 2027 quedarán desterrados.
#PrimeroVallarta TE INFORMA con tristeza.