La palabra “inútil” suele usarse como insulto, pero su origen es mucho más académico que ofensivo. Proviene del latín «inutilis», formado por el prefijo «in», que indica negación, y «utilis», que significa útil, provechoso, apto para servir. Inútil, entonces, no es necesariamente una grosería: es una descripción funcional. Algo inútil es aquello que no sirve para el fin que debería cumplir.
Aplicada al gobierno, la palabra adquiere un peso político muy claro. Un gobierno inútil no es solamente un gobierno antipático, impopular o torpe en la comunicación. Es un gobierno que no resuelve. Un gobierno que no previene. Un gobierno que no coordina. Un gobierno que, ante las crisis, no gobierna: se esconde, administra excusas y pretende que la realidad desaparezca con boletines de alegría.
Ese es el sello que define a la administración de Luis Ernesto Munguía en Puerto Vallarta: un gobierno que no responde a las crisis, sino que las evade. Frente a la basura, no hay conducción clara. Frente a los incendios, no hay mando político visible. Frente a la crisis de seguridad, no hay una estrategia que tranquilice a la ciudadanía. Frente a las fallas en servicios públicos, no hay una respuesta institucional robusta. Hay, en cambio, silencio, ausencia, justificaciones y comunicados tardíos que intentan pintar de normalidad lo que en la calle se vive como abandono.
La inutilidad pública se nota, sobre todo, cuando las crisis tienen un patrón: los problemas ocurren, crecen, golpean a la población, exhiben al Ayuntamiento y, después de varios días, aparece un boletín que pretende vender orden, alegría o avance. Esa ha sido una de las marcas más graves de este gobierno: la realidad va por un lado y la propaganda por otro. Con este preámbulo, entendamos que en los siguientes párrafos no usaremos «inútil» como ofensa o insulto, sino como adjetivo calificativo. Nuestro respeto, se guarda para cada personaje mencionado desde lo interpersonal.
En el mapa municipal, por supuesto el Primer Inútil es el alcalde Luis Ernesto Munguía. Ya hemos hablado de su sello y por tanto no divagaremos. Pero enseguida, hay que mencionar a la Primera Inútil a destacar, que es la presidenta del DIF Municipal, Lucky Michel (precedida por Claudia Peña).
Hoy el DIF es una institución que, aunque debería ser el rostro humano del Ayuntamiento, expone su lado más cruel: el de robarse hasta las despensas que eran para la gente pobre. El DIF del actual Ayuntamiento no tiene actualmente programas activos para sostener a quienes más necesitan al gobierno. Mujeres, niñas, niños, adultos mayores, familias vulnerables y personas en emergencia deberían encontrar ahí una respuesta sensible, rápida y eficaz.
En su lugar cuando van a la ventanilla, les dan un triste «ahorita no hay apoyos» como respuesta. Eso sí: el Sistema DIF Municipal tiene en su lista de proveedores a empresas que cobran y dan a ganar a personajes del gobierno. Es decir, con el organismo destinado a la pobreza, los inútiles se están haciendo ricos. Mientras tanto: calles llenas de indigentes y niños trabajando, mujeres sin atención psicológica gratuita ni protección, y cero comedores comunitarios existentes.
Después viene el círculo cercano del alcalde: asesores, gerentes políticos y operadores que, en teoría, deberían ayudarlo a gobernar. Un asesor sirve para advertir riesgos, corregir errores, ordenar crisis, construir estrategias y evitar que el presidente municipal se hunda en su propia desconexión. Pero el equipo cercano de Munguía no parece haberlo asesorado para gobernar mejor, sino para resistir peor.
Ahí aparece el Inútil Asesor Héctor Briseño, identificado en el ambiente político local como amigo personal de Luis Ernesto Munguía desde años atrás y como uno de los personajes más visibles en el círculo de influencia del alcalde. Sus críticos lo señalan como parte de esa estructura que no ha logrado diseñar una estrategia útil frente a las crisis. Es sin embargo el único de sus decenas de asesores que acude a una oficina, los demás son aviadores. Pero más que un asesor, porque claramente no le aconseja nada bueno, Briseño se encarga de recolectar los dinero que el alcalde recibe por pago de proveedores a modo, y de manejarle asuntos políticos sin maestría. Gracias a él, Luis Ernesto Munguía está algo tranquilo porque delega sus intereses personales al que históricamente ha sido su amigo porro, desde la FEU.
Después, tenemos en la lista al Inútil de Proveeduría, un tal Daniel Zamora «Wenne», señalado por críticas internas y externas como un funcionario que no destraba, no agiliza y no facilita. Su oficina está tan engordada de nómina como su complexión corporal, pero todos y cada uno de sus empleados de ventanilla y secretarias son ejemplares inútiles que tampoco resuelven nada.
Pero el problema en la cadena de proveedores es uno de los síntomas más graves. Diversas áreas del Ayuntamiento requieren insumos para operar: Seguridad Pública necesita equipamiento, combustible, mantenimiento y herramientas; Servicios Públicos necesita materiales, unidades, refacciones y capacidad de respuesta; las oficinas administrativas necesitan papelería, sistemas, mantenimiento y condiciones mínimas para trabajar. Cuando esa cadena se rompe, no se afecta a un proveedor: se afecta a toda la ciudad. Y Wenne ha sido el Maestro Inútil en lograr que ningún trámite siga adelante de manera eficaz, con la complicidad de otra inútil llamada Norma.
Pero Proveeduría no opera sola. La Contraloría, bajo René Madero, debería ser un contrapeso, no una figura decorativa. Su papel tendría que ser revisar, advertir, corregir y sancionar cuando el desorden administrativo se vuelve evidente. Si frente a la opacidad, la parálisis y los señalamientos internos la Contraloría solamente observa, entonces deja de ser órgano de vigilancia y se convierte en testigo silencioso de la descomposición. La inutilidad de este órgano hoy es un síntoma del aparato inútil de procesos para el Ayuntamiento.
También está Tesorería, encabezada por el Licenciado en Ser Inútil Hugo Robles. Esa es un área clave en un municipio que no puede alegar pobreza sin explicar sus números. Puerto Vallarta es una ciudad con peso económico, turístico y recaudatorio. Por eso, si hay falta de liquidez, debe decirse con documentos. Si no hay dinero para pagar a proveedores, debe explicarse por qué. Si las dependencias están atoradas por falta de recursos, alguien debe responder dónde quedó la capacidad financiera del municipio. Pero Tesorería hoy es tan inútil, que ni siquiera puede explicar porque jinetean el dinero del presupuesto cada mes en sesión de Cabildo y porqué no hay recursos para pagar proveedores cuando esté 2026 Puerto Vallarta tiene más dinero asignado que nunca en la historia.
El paso previo de Robles por Catastro dejó cuestionamientos ciudadanos sobre opacidad, manejos administrativos y aumentos al predial que muchos propietarios consideraron excesivos. Hoy, desde Tesorería, la pregunta se vuelve más grande: ¿cómo puede un municipio tan importante operar como si estuviera quebrado, desordenado o sin control? La respuesta no puede ser otro boletín, pero al no existir justamente respuesta, sabemos que también es inútil insistir.
Desarrollo Social es otro espacio donde se nota el vacío. A cargo de César Abarca Vargas, hijo del exdirector de SEAPAL César Abarca, esta dependencia parece desaparecida de la vida pública real. El inútil del junior hijo riquillo tiene a Desarrollo Social sumida en el ceroizquierdismo, cuando debería caminar colonias, construir padrones, entregar apoyos, detectar necesidades y organizar programas. Debería ser una de las áreas más activas de cualquier gobierno municipal. Hoy es una de las más inútiles que no produce nada.
Finalmente aparece, en la cadena de la vergüenza y el zanganismo aparece Comunicación Social, quizá la más inútil de todas áreas que mejor retrata el desinterés táctico del gobierno. Hoy esta dependencia no comunica, no socializa, no anticipa, no contiene crisis y no construye credibilidad. Su función debería ser conectar al Ayuntamiento con la ciudadanía, explicar decisiones, informar con oportunidad y dar la cara institucional cuando el gobierno enfrenta problemas. Pero hoy opera con restraso mental institucionalizado.
Cada crisis exhibe el mismo patrón: primero ocurre el problema; luego crece la molestia ciudadana; después el gobierno se queda callado; finalmente aparece un boletín débil, 3 o 4 días tarde y complaciente, como si la ciudad no hubiera visto lo que ocurrió. Esa no es comunicación pública. Eso es maquillaje del tianguis.
Ahí yacen dos inútiles que no lo eran pero hoy con orgullo exponen el concepto. Las periodistas Karina Macías y Brenda Beltrán, directora y subdirectora de prensa y comunicación, eran respetadas antes pero se vendieron por unos pesos migajeros. Hoy la oficina de Comunicación Social está vacía. Su personal acude a trabajar apenas menos de la mitad del horario. Se la pasan paseando, comiendo, en todo menos en sus puestos. No hay que culparlas, porque son inútiles por contagio. Nada pueden hacer cuando JuanJo (otro inútil de nacimiento) hace todo el diseño de la propaganda para el alcalde y no les comunica nada.
Bien, esto es solo un mapa abreviado para ver quienes son los inútiles que gobiernan y tienen a Puerto Vallarta sumido en el desastre histórico. Mencionar y describir a cada inútil por dependencia del Gobierno Municipal actual, nos llevaría un libro entero digno de ser tesis.
#PrimeroVallarta TE INFORMA e incomoda al poder.