En medio de señales de desaceleración turística, quejas de prestadores de servicios y una agenda económica que exige reacción inmediata, la Dirección de Turismo y Desarrollo Económico de Puerto Vallarta, encabezada por Rosalba Alejandra Cornejo Cornejo, enfrenta cuestionamientos por su bajo perfil público, falta de estrategia visible y escasa respuesta ante un escenario que preocupa a hoteleros, restauranteros, tour operadores y pequeños empresarios.
La crítica no parte solamente de la percepción política. Hay datos que obligan a revisar el desempeño de la autoridad municipal. De acuerdo con cifras de Datatur citadas por Plano Informativo, en marzo la ocupación hotelera promedio de Puerto Vallarta fue de apenas 59.1 por ciento, es decir, 21.3 puntos porcentuales menos que en febrero y 22.1 puntos menos que en marzo de 2025. El mismo reporte señala que, de enero a abril, el aeropuerto atendió a 313 mil 900 viajeros menos que en el mismo periodo del año anterior.
El golpe también se siente en el sector privado. Hoteleros como Rolando Palomares Peña, gerente general del Hotel Casa Nicole, expusieron marzo tuvo una caída de 47 por ciento en ocupación frente al mismo mes de 2025, además de reducción de tarifas y afectaciones por el tipo de cambio. Según su estimación, el impacto en ingresos superó el 60 por ciento.
A la par, Nicolás Cornejo, propietario del restaurante Palmar, estimó una caída cercana al 60 por ciento en ventas desde finales de febrero y afirmó que varios prestadores turísticos viven una situación similar. Su frase resume el reclamo más duro hacia el gobierno local: “no tenemos nada de apoyo del Gobierno local”.
En ese contexto, el desempeño de la Dirección de Turismo municipal luce débil. La oficina existe, tiene titular, teléfonos, sedes y estructura pública; la pregunta de fondo no deja de ser ¿dónde está la estrategia municipal ante la caída? Y¿dónde están los programas emergentes para tours, restaurantes, hoteles pequeños, empresas de eventos, guías, transportistas turísticos y comercios que dependen del visitante?
Hasta ahora, lo más visible han sido actos de presencia, cortes de listón y participación en eventos impulsados por otras instancias o por el sector privado. Por ejemplo, en eventos como Food and Travel Reader Awards 2026, Puerto Vallarta by UTMB, Downhill & Freestyle Urbano y Exphotel se reportó la presencia de Alejandra Cornejo en el acto inaugural junto con organismos empresariales. Sin embargo, asistir a eventos no equivale a conducir una política turística municipal.
La diferencia es importante. Una dirección municipal no puede limitarse a aparecer cuando la agenda ya fue armada por otros. Su tarea debería ser articular, convocar, facilitar permisos, construir producto turístico, apoyar a organizadores, abrir canales de promoción, coordinarse con Fidetur, Secturjal y Sectur federal, y explicar con datos qué se está haciendo para enfrentar una baja que ya afecta empleos e ingresos.
Puerto Vallarta no está en una situación de desastre turístico, pero tampoco en una etapa que permita complacencia. Para Semana Santa de 2026 se proyectó una ocupación promedio de 80 por ciento del 30 de marzo al 5 de abril, con alrededor de 67 mil visitantes, y para Pascua una ocupación estimada de 75 por ciento con 62 mil visitantes. Aún así fue más bajo que el año pasado. Esas cifras muestran que el destino conserva fuerza en temporadas altas, pero también evidencian el problema: fuera de los picos vacacionales, la ciudad necesita mucho más que inercia, sol y playa.
Además, el indicador estatal de ocupación hotelera muestra un arranque moderado para 2026. MIDE Jalisco reportó al 30 de abril una ocupación hotelera promedio acumulada de 53 por ciento para los destinos integrados a Datatur en el estado, entre ellos Puerto Vallarta, por debajo del 57.6 por ciento registrado en 2025 y del 57.8 por ciento de 2023.
En Puerto Vallarta, la Dirección de Turismo no puede ser decorativa. Menos en una ciudad donde miles de familias dependen de cuartos ocupados, mesas llenas, tours vendidos, eventos activos, malecón vivo, playas limpias, movilidad funcional y una imagen pública cuidada. Cuando los empresarios empiezan a reportar bajas severas y a decir que no hay apoyo local, la autoridad no puede quedarse muda.
El problema de fondo es la ausencia de una narrativa municipal clara. No se conocen, al menos públicamente, campañas emergentes de promoción local coordinadas desde la Dirección de Turismo; tampoco una bolsa de apoyo para eventos; ni un programa visible para atraer congresos pequeños, actividades deportivas, festivales barriales, rutas gastronómicas, turismo rural, turismo cultural o experiencias comunitarias. Mucho menos se observa una defensa pública del pequeño empresario turístico, que suele ser el primero en resentir las caídas.
Por eso, el desempeño de Alejandra Cornejo al frente de la dependencia empieza a verse no sólo insuficiente, sino políticamente costoso. La ciudad exige una funcionaria que dé la cara, explique cifras, escuche al sector, gestione recursos y se meta al terreno. Una dirección turística que no comunica, no convoca y no lidera termina pareciendo ausente justo cuando más se necesita.
Puerto Vallarta tiene marca, conectividad, historia, gastronomía, naturaleza, vida nocturna, turismo LGBTQ+, montaña, playa, cultura y una comunidad empresarial con capacidad de organizarse. Lo que no puede permitirse es una oficina municipal de turismo sin pulso, sin creatividad y sin reacción ante la baja.
La pregunta queda abierta para el gobierno municipal: si el turismo cae, si los hoteleros reducen empleos, si restaurantes reportan ventas desplomadas o cierran y si los prestadores aseguran no tener apoyo local, ¿qué está haciendo exactamente la Dirección de Turismo de Puerto Vallarta y por qué su titular no ha presentado una estrategia pública, medible y urgente?
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