La alta frecuencia de carreras, rodadas, medios maratones y eventos de atletismo organizados por el Ayuntamiento de Puerto Vallarta abrió una pregunta incómoda para el Gobierno Municipal y para quienes hoy operan políticamente alrededor del deporte local: ¿a dónde va el dinero de las inscripciones, quién contrata playeras, medallas, kits e insumos, y bajo qué criterios se reparten cortesías?
La discusión volvió a tomar fuerza luego de que Carlos Miyagi Munguía, personaje que controla los hilos del COMUDE y el deporte municipal, además de hermano del alcalde Luis Ernesto Munguía, publicara en redes sociales que regalaría cortesías para la “Carrera x la Niñez 5K & 2K”, presentada como una competencia con causa para apoyar a personas con discapacidad y como la primera en incorporar «salida azul».
El gesto, en apariencia noble, también deja una lectura crítica: si hay cortesías administradas desde una figura política, también debería haber claridad sobre el costo real de la carrera, el número de participantes, el destino de las cuotas, los patrocinadores, los proveedores y la utilidad pública final. En eventos con causa, la transparencia no es un adorno; es la base mínima para que la ciudadanía confíe.
Pero más allá de eso, es entender porqué tanta insistencia en organizar casi cada mes un maratón o carrera distinta con cualquier excusa como bandera, cuando puede haber otras actividades deportivas para fomentar.
Y es que durante el último año, Puerto Vallarta ha tenido una agenda de maratones muy abundante. Carrera que por la niñez, que por las mamás, que por el cáncer, que la carrera de las juventudes, que la carrera de… lo que usted quiera poner.
Sin embargo guarda especial sospecha que, siendo una administración que no ofrezca becas a deportistas, tenga las unidades deportivas abandonadas y la alberca olímpica destruida, el gobierno de Munguía le apueste tanto al atletismo. Como diría Carlos Ballarta: «técnicamente no hay nada de malo, pero como que algo no cuadra».
Y es que no es difícil imaginarse lo que está detrás: ser proveedor de lo que necesita un maratón, como ya se mencionó, es todo un negocio de productos y logística. También, los costos de inscripción, cuando cientos o miles participan, logran un jugoso y tentador monto.
Por ejemplo, el Medio Maratón Seapal, informó que contemplaba cuotas de inscripción de 350 pesos hasta enero, 400 pesos en febrero y 450 pesos a partir de marzo, y para su día de realización registró más de mil corredores. Haga usted la cuenta: entre 350 y 400 mil pesos generados con un destino que hasta el día de hoy, no se conoce.
Aquí el punto no es descalificar el deporte ni las carreras. Al contrario: una ciudad turística como Puerto Vallarta necesita eventos deportivos bien organizados, incluyentes y con capacidad de atraer visitantes. El problema aparece cuando la promoción pública, el manejo de cuotas y la figura política se mezclan sin informes claros, sin contratos visibles y sin explicación puntual sobre el flujo del dinero.
Es el gobierno quien organiza estos eventos, pero la información pública disponible no detalla cuánto se recauda ni cómo se distribuyen los recursos. Ahí está el fondo del cuestionamiento: si una carrera usa espacios como calles y parques, logística municipal, apoyo de dependencias, seguridad vial, personal operativo o difusión institucional, entonces la ciudadanía tiene derecho a saber cómo se maneja el presupuesto y la proveeduría del mismo.
También existe un contraste relevante. En la información de transparencia del Ayuntamiento aparece una iniciativa para crear la “Carrera Vallarta Joven” como un evento anual, recreativo y completamente gratuito. Si algunas carreras se plantean como gratuitas y otras cobran inscripción, el municipio tendría que explicar cuáles son los criterios, quién decide, quién cobra y quién fiscaliza.
La sospecha no nace de una sola publicación, sino de la acumulación de eventos, cuotas, kits, playeras, medallas, cortesías y promoción personal. En una administración pública sana, cada carrera debería tener una ficha transparente: organizador, dependencia responsable, patrocinadores, costo de inscripción, número de inscritos, monto recaudado, egresos, proveedores contratados, utilidad neta y destino final del dinero.
Porque si no existe esa claridad, el deporte municipal corre el riesgo de operar bajo un esquema discrecional disfrazado de activación física: carreras que sirven para tomarse fotos, repartir cortesías, construir capital político y mover recursos sin que la ciudadanía pueda revisar con precisión qué entra, qué sale y quién gana.
Carlos Miyagi Munguía, por su cercanía con el deporte y con la estructura política local, tendría que ser el primero en empujar esa transparencia. No basta con promover carreras con causa ni publicar mensajes emotivos sobre la niñez; hace falta rendición de cuentas. Si las inscripciones ayudan a personas con discapacidad, que se informe cuánto se recaudó y a quién se entregó. Si hay proveedores de camisetas, chips, cronometraje, hidratación, medallas o publicidad, que se publiquen los contratos. Si hay cortesías, que se explique cuántas son, quién las paga y bajo qué criterio se asignan.
Hasta ahora, no hay información pública suficiente para afirmar un desvío de recursos. Pero sí hay elementos para exigir cuentas. Y en política, cuando el dinero ciudadano, la promoción institucional y el beneficio personal empiezan a mezclarse, la opacidad se vuelve sospechosa aunque todavía no sea prueba.
Puerto Vallarta necesita deporte, sí. Necesita carreras, eventos incluyentes y actividades para niñas, niños, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad. Pero también necesita que el COMUDE y el Gobierno Municipal dejen claro que el deporte no es una caja chica, no es plataforma personal y no es un negocio de playeras, inscripciones y cortesías administrado desde la cercanía política.
La duda persiste y todo indica a que existe un ánimo por «seguir gobernando a las carreras» en cuanto al deporte se refiere, con el único logro de organizar estos eventos, pero sin resultados claros.
#PrimeroVallarta TE INFORMA con la verdad.