El muelle de Boca de Tomatlán quedó bajo una alerta seria luego de que la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos de Jalisco detectara posibles afectaciones estructurales derivadas de obras municipales realizadas para instalar una techumbre metálica de protección solar.
El caso golpea directamente al Ayuntamiento de Puerto Vallarta, encabezado por el alcalde Luis Ernesto Munguía González, porque la intervención fue ejecutada por el gobierno municipal sobre una infraestructura que apenas tiene poco más de año y medio de haber sido inaugurada y que hoy enfrenta riesgo de cierre, reparaciones mayores o incluso demolición parcial de las zonas comprometidas, si así lo determina el estudio estructural definitivo.
El nuevo dictamen preliminar, conocido en las últimas horas, no habla de simples detalles cosméticos ni de una obra menor mal terminada. Lo que Protección Civil estatal encontró fue una serie de modificaciones sobre elementos críticos del muelle sin evidencia de estudios previos que acreditaran su capacidad de carga ni su resistencia ante nuevas estructuras.
De acuerdo con la valoración técnica, durante los trabajos municipales se realizaron aperturas de aproximadamente 40 por 40 centímetros en las losas prefabricadas del muelle para colocar columnas metálicas. Esa intervención, por sí sola, ya implicaba alterar la estructura original.
Pero el riesgo más delicado detectado por Protección Civil fue que, durante esas maniobras, se habría cortado acero de refuerzo de las losas de concreto. Ese acero no es un elemento secundario: forma parte de la resistencia del muelle y de su capacidad para soportar cargas, tránsito de personas, vibraciones y esfuerzos propios de una infraestructura marítima.
La inspección también detectó perforaciones en la estructura principal de concreto para instalar pernos y placas de anclaje, sin que existiera constancia de una revisión estructural previa que avalara esas modificaciones. Es decir, se ancló una nueva estructura metálica sobre el muelle sin demostrar técnicamente que la obra podía soportarla.
El dictamen estatal advierte además otro punto clave: la techumbre metálica pretendida por el Ayuntamiento podría generar cargas y esfuerzos distintos a los contemplados en el diseño original del muelle. Entre esos factores están el viento, la compresión, la tensión y el voladizo. En una zona costera como Boca de Tomatlán, donde las rachas de viento, la humedad, la salinidad y el uso constante son factores permanentes, ese riesgo no puede minimizarse.
Por eso, Protección Civil Jalisco consideró que las intervenciones representan un posible riesgo para la integridad estructural del muelle y para la seguridad de los usuarios. No se trata solamente de si la techumbre quedó bien o mal colocada; el problema es que pudieron haber sido alteradas partes esenciales de una obra pública utilizada diariamente por turistas, lancheros, pescadores, prestadores de servicios y habitantes de la zona sur.
Ante esa situación, la dependencia estatal recomendó suspender inmediatamente los trabajos, realizar un estudio estructural integral a cargo de un perito especializado y verificar técnicamente la capacidad de carga y resistencia de los elementos intervenidos.
Ahí aparece el escenario más delicado: si el estudio confirma que las losas, anclajes o zonas perforadas quedaron comprometidas, el Ayuntamiento no solo tendría que reparar. Podría verse obligado a retirar la estructura metálica, reforzar el muelle o demoler parcialmente las áreas dañadas para reconstruirlas con seguridad.
Y si eso ocurre, la pregunta será inevitable: ¿quién va a pagar?
Si el daño fue provocado por una obra municipal mal planeada, sin estudios suficientes o sin validación técnica, no sería correcto que el costo se presente como un gasto ordinario de mantenimiento. La administración municipal tendría que explicar si las reparaciones serán cubiertas por el propio Ayuntamiento, por una empresa contratista o por los funcionarios responsables de autorizar y ejecutar los trabajos.
Porque el fondo del asunto es grave: una obra pública reciente, destinada a mejorar la movilidad marítima y turística de Boca de Tomatlán, terminó bajo revisión estatal por una intervención del propio gobierno municipal. La autoridad que debía cuidar el muelle es ahora señalada por haberlo puesto en riesgo.
El muelle no es una estructura decorativa. Es la puerta de entrada y salida hacia comunidades y playas del sur de Puerto Vallarta. Su cierre o restricción afectaría directamente a trabajadores del mar, comercios, visitantes y familias que dependen de esa conexión.
Por eso, el dictamen de Protección Civil no debe archivarse como un trámite más. Si hay riesgo para turistas y usuarios, deben tomarse cartas de inmediato: cerrar lo que tenga que cerrarse, revisar lo que tenga que revisarse, reparar lo que se haya dañado y deslindar responsabilidades.
La administración de Luis Ernesto Munguía González deberá responder con documentos, no con discursos: quién autorizó la obra, con qué permisos, bajo qué proyecto estructural, qué perito avaló los trabajos, qué empresa o área ejecutó las perforaciones y quién asumirá el costo si el muelle requiere una intervención mayor.
Lo cierto es que una techumbre que supuestamente daría sombra terminó proyectando una obscuridad más grande sobre el Gobierno Municipal: la de una posible negligencia que pudo comprometer la seguridad de una infraestructura casi nueva y fundamental para Boca de Tomatlán.
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