Puerto Vallarta vuelve a perder una parte de su memoria arquitectónica. En pleno centro de la ciudad, la llamada Casa Ipanema, una finca antigua ubicada en la zona Centro, comenzó a ser demolida pese a que organizaciones ciudadanas la señalan como una construcción con valor histórico, cultural y urbano para el Vallarta tradicional.
La demolición ha provocado indignación entre defensores del patrimonio local, quienes advierten que no se trata de un hecho aislado, sino de una tendencia cada vez más visible: por todo el centro de Puerto Vallarta están desapareciendo fincas antiguas, muchas de ellas con 50, 70 o hasta 100 años de historia, para dar paso a nuevos proyectos inmobiliarios, remodelaciones agresivas o sustituciones completas que borran la imagen original del puerto.
De acuerdo con el Observatorio Ciudadano del Centro Histórico de Puerto Vallarta, Casa Ipanema no era una construcción abandonada ni en ruinas, sino una finca deshabitada, pero aún con notable integridad constructiva. Incluso, señalaron que los trabajos de demolición del techo han sido difíciles precisamente por la calidad de sus materiales y técnicas tradicionales.
El organismo sostuvo que la vivienda conservaba elementos prácticamente irreemplazables, como antiguas vigas de pino blanco provenientes de la Sierra de Mascota y San Sebastián, además de rasgos propios de la arquitectura vallartense del siglo XX. Para los defensores del patrimonio, el valor de estas casas no reside únicamente en su fachada, sino en su materialidad, en su forma de construcción y en la memoria urbana que representan.
La preocupación mayor es que, según lo denunciado, Casa Ipanema estaría inscrita entre los bienes culturales del Estado de Jalisco y además se ubicaría dentro del polígono de protección del Centro Histórico o “fundo legal”, declarado desde 2018 como patrimonio cultural de Puerto Vallarta. Aun así, la demolición avanza.
El caso exhibe una doble omisión. Por un lado, el Ayuntamiento de Puerto Vallarta, que en los hechos parece seguir autorizando licencias de construcción, demolición o intervención con una facilidad preocupante, sin una defensa clara de la imagen urbana tradicional. Por otro lado, la Secretaría de Cultura de Jalisco, que tendría que ser una de las principales instancias responsables de proteger, valorar y dictaminar con mayor profundidad este tipo de inmuebles.
El arquitecto Óscar Morán Guillén, presidente del Observatorio Ciudadano del Centro Histórico, ha cuestionado precisamente esa falta de sensibilidad institucional. Señaló que las autoridades estatales parecen tener un enfoque más centrado en Guadalajara y no terminan de dimensionar el valor de la arquitectura vallartense, sus autores, sus periodos y sus movimientos propios.
Casa Ipanema ha sido atribuida al arquitecto Luis Favela, considerado por los defensores del patrimonio como uno de los autores relevantes del Movimiento de Arquitectura Vallartense y parte de la identidad cultural del municipio durante el siglo XX. Por ello, su destrucción no sólo representa la pérdida de una finca, sino el debilitamiento de una narrativa arquitectónica que ayudó a darle personalidad a Puerto Vallarta como destino turístico.
El problema de fondo es que Vallarta está cambiando de rostro sin una protección efectiva. Las casas tradicionales del centro, con muros gruesos, tejas, vigas, patios, balcones y materiales regionales, están siendo sustituidas poco a poco por construcciones que muchas veces rompen con la escala, la historia y la estética del antiguo puerto.
Mientras se presume a Puerto Vallarta como destino con identidad, cultura y tradición, en la práctica se permite que esa misma identidad sea desmontada pieza por pieza. La demolición de Casa Ipanema vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿de qué sirve tener inventarios, polígonos de protección y discursos patrimoniales si al final las fincas históricas caen como si no valieran nada?
Organizaciones ciudadanas han pedido que la Secretaría de Cultura de Jalisco realice valoraciones más profundas y se apoye en especialistas locales, universidades y asociaciones que conocen el contexto arquitectónico de Puerto Vallarta. También han insistido en que el Ayuntamiento debe dejar de actuar como simple ventanilla de permisos y asumir una postura más firme en defensa del patrimonio urbano.
Por ahora, Casa Ipanema parece encaminarse a convertirse en otro ejemplo de lo que se está perdiendo: no sólo una construcción antigua, sino una parte del Vallarta que todavía conservaba memoria, oficio, identidad y carácter. Una ciudad que destruye sin cuidado sus casas históricas también va borrando, lentamente, la imagen que la hizo distinta.
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